La historia sobre la lucha de las mujeres no es una historia abstracta o que deba de aparecer en un recuadro aparte, somos parte de la humanidad, la mitad de la población. En México representamos, aproximadamente, del 51.1% al 51.7% de la población total; esto no es un dato menor, pero de esta afirmación surge la pregunta ¿por qué es necesario hablar de una historia de lucha de las mujeres?
La respuesta es simple, la historia de la humanidad se escribió a partir de la historia del hombre. Basta con recordar las ilustraciones de los libros de texto de la primaria en donde veíamos las imágenes de la evolución “del hombre”, borrando de manera muy sutil a las mujeres de esa parte de la historia. El lenguaje importa porque nos sirve para nombrar la realidad, no ser nombradas es una manera muy sutil de negar la existencia de las mujeres como sujetos plenamente humanos; para reafirmar la importancia de nombrarnos me voy a permitir citar un texto de la escritora Uruguaya Cristina Peri Rossi:
Las palabras. Esa especie de prisión. (1971)
Yo tenía cinco años. La maestra escribió en la pizarra: “Todos los hombres son mortales”. Sentí un enorme alivio, un gran regocijo.
Esa tarde, cuando salí del colegio, corrí a mi casa y abracé muy estrechamente a mi madre.
“¡Qué suerte, mamita, tú no te vas a morir nunca!” le dije, arrebatadamente.
“Qué?” preguntó mi madre, sorprendida.
Me separé apenas de ella y le expliqué:
La maestra escribió en la pizarra que los hombres son mortales. ¡Y tú eres mujer! Por suerte, eres mujer, dije y volví a abrazarla.
Mi madre me separó tiernamente de sus brazos.
Esa frase, querida hija, incluye a hombres y mujeres. Todos y todas moriremos algún día.
Me sentí completamente consternada y desilusionada.
Entonces, ¿por qué no escribió eso?: “Todos los hombres y mujeres son mortales”, pregunté.
-Bueno- dijo mi madre, en realidad, para simplificar, las mujeres estamos encerradas en la palabra “hombres”.
¿Encerradas? pregunté. ¿Por qué?
-Porque somos mujeres- me contestó mi madre.
La respuesta me desconcertó.
¿Y por qué nos encierran? le pregunté.
Es muy largo de explicar, respondió mi madre. Pero acéptalo así. Hay cosas que no son fáciles de cambiar.
Pero si digo “Todas las mujeres son mortales” ¿también encierra a los hombres?
-No- contestó mi madre. Esa frase se refiere sólo a las mujeres.
Me entró una crisis de llanto.
Comprendí súbitamente muchas cosas y algunas muy desagradables, como que el lenguaje no era la realidad, sino una manera de encerrar a las cosas y a las personas según su género, aunque apenas sabía qué era género: además de servir para hacer faldas, el género era una forma de prisión.
De aquí la importancia de nombrarnos, hacer un recuento histórico de la historia de las mujeres y sus luchas es un recorrido bastante amplio que nos deja la tarea de construir varios tomos de libros; porque cada nombre importa, cada lucha importa, son el recordatorio constante de que estamos aquí y que siempre hemos estado, aún con las resistencias de quien decide no nombrarnos.