Juventud, protesta y política

La lucha estudiantil ha tenido un gran peso en la historia de México, con acontecimientos tan lamentables como represiones y abusos de autoridad que han quedado en nuestra memoria y permanecen como recordatorio de aquello que no puede silenciarse: la voz de los jóvenes. Lo que genera este tipo de movimientos es el pensamiento crítico y rebelde, íntimamente ligado a la juventud y al estudiantado, sector de la sociedad que históricamente ha sido relegado del ámbito público y político por “carecer” de la suficiente experiencia.

Como dijo Salvador Allende: «Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica». Esta famosa frase ha logrado constituirse en símbolo de la lucha estudiantil porque, más allá de ser algo científicamente comprobable, representa una clara admiración y reconocimiento a la capacidad de los jóvenes para ser agentes de cambio, así como el motor capaz de transformar y revolucionar nuestra sociedad. Esto no implica protestar renunciando a la razón; implica el diálogo entre el pensamiento juvenil y las estructuras de poder que, a pesar de llegar a ser tenso, también resulta profundamente valioso. Cuando los estudiantes participan con convicción y, a su vez, con disposición para escuchar, no solo se denuncia el problema, sino que también se construyen alternativas: ahí radica su valor político.

Desde mi experiencia, participar en protestas y luchas ha sido una manera de comprender que la educación no se limita a las aulas, a las clases o a los apuntes de mi libreta. La formación estudiantil debe servirnos a nosotros, a la sociedad y a la mejora constante de nuestro entorno; debe servir para cuestionar, proponer y dialogar; para formar estudiantes que no sean vistos como un problema para la sociedad, sino que se conviertan en una pieza fundamental de esta. Por eso, personalmente siempre llevo conmigo el lema de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, nuestra máxima casa de estudios: «Cuna de héroes, crisol de pensadores». Este lema, que con orgullo nos recuerda la responsabilidad histórica y académica de la educación, representa la herencia que podemos dejar y el legado progresista que puede sembrarse en los estudiantes. He ahí la ferviente necesidad de defender y destacar la lucha estudiantil. Debemos entender que la democracia y nuestro país se ven fortalecidos cuando existen voces que escuchar.

La juventud siempre está presente y la lucha estudiantil sigue vigente, porque donde hay estudiantes informados, organizados y conscientes, existe la posibilidad real de construir una sociedad libre, justa y humanista.

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