Lo que no se nombra, no existe, las mujeres de Michoacán en la Constitución

Recientemente el Congreso de Michoacán aprobó realizar la modificación a la Constitución del Estado para incorporar el término Gobernadora con A, en concordancia con la modificación realizada a nuestra Carta Magna a iniciativa de la Presidenta Claudia Sheinbaum en el sentido de incluir Presidenta con A. Lo que no se nombra no existe, parafrasea nuestra Presidenta.

En términos estrictos, la resistencia a nombrar lo que existe equivale también a negar la transformación del lenguaje y en el contexto de nuestro país la negación de un fenómeno creciente de reconocimiento de las mujeres como sujetos sociales de derechos. Velada pero presente, hay una negativa al cambio de lenguaje por parte de los hablantes hombres heteropatriarcales.

Por miles de años las mujeres han sido sometidas a una suerte de subordinación en todos los órdenes de la vida que ellas y la sociedad por largas épocas han visto como natural la negación de sus más elementales derechos. Paradójicamente, su derecho a la vida, al trabajo y el respeto a su dignidad, igual que muchos otros derechos, son minimizados o negados por parte de quienes se resisten al cambio.

Debido a lo anterior, cuando se plantea “que es tiempo de mujeres”, se está levantando -con todo lo que ello significa-un ¡ya basta! histórico, porque no se buscan sólo espacios o acomodos en la vida pública para que los ocupen las mujeres: es preciso superar el abismo de desigualdad en el que se les ha confinado por miles de años en prácticamente todos los países, culturas y pueblos.

Entonces, es en el poder político donde ha de dirimirse y superarse este profundo problema; desde él dimanan las decisiones más importantes que determinan todo el orden social y en él deben estar y actuar las mujeres para garantizar que se van a resarcir sus derechos a plenitud y de manera irreversible.

La paridad de género en los cargos públicos de todos los niveles es un avance, pero, no resuelve la cuestión de fondo que es la reconstrucción del poder político y su impacto en todos los sectores, espacios y funciones sociales a fin de que el Estado y la sociedad garanticen el empoderamiento de las mujeres con su participación efectiva en el Estado y en la vida social, para eso se requiere, entre otras, cosas vencer la visión androcéntrica de la sociedad.

En fin que las resistencias al cambio en el uso del lenguaje, es parte del cúmulo de violencias, algunas ancestrales, que han sometido históricamente a las mujeres a la hegemonía heteropatriarcal y androcéntrica.

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