Derechos humanos, principios del buen vivir

Ricardo Díaz Ferreyra / Maribel Ríos Granados

Hablar sobre Pueblos y Clases sociales es sin duda un tema de magnitud infinita, inacabable, universal y transdisciplinario. Abarca temas de carácter social, político, ambiental, económico, humanístico, familiar, individual, pero además dimensiona la cultura, la historia y la visión de futuro.

Para analizar la importancia de la evolución del pueblo mexicano es necesario remontarnos al México prehispánico, su cultura, su cosmovisión, las creencias que dieron contexto a su desarrollo y obligatoriamente a los cambios e interacciones que generó el período de la Conquista.

Durante este periodo florecieron nuevas clases sociales derivadas del intercambio de culturas, la prevalencia de las raíces y costumbres con la vinculación de la cultura hispánica trajo como consecuencia la creación de castas: hispánicos, criollos, mestizos, comunidades indígenas y afroamericanas, que fueron el origen de nuevas formas de pensar, de actuar, de comportarse y de vivir en una sociedad impregnada de nuevas ideas y del inicio de nuevas culturas.

Uno de los temas fundamentales a analizar y concientizar, es que independientemente del nivel social, cultural, económico, es prioritario reconocer que todos los seres humanos, pertenecientes a cualquier pueblo o cultura, tienen por el solo hecho de su nacimiento Derechos Humanos Fundamentales.

Los derechos humanos están fundamentados en la vida como personas y en el tránsito en la línea de la misma, así como en el acompañamiento de otras interacciones humanas y relaciones específicas de la vida en colectividad.

De manera prioritaria se debe buscar que los pueblos cuenten con las garantías mínimas necesarias para poder desarrollarse de manera armónica y orgánica, es decir de manera natural y desde los principios de respeto a la vida, reconocimiento a la individualidad, justicia social, equidad y legalidad.

Los pueblos no existirían si no existen las personas, y las personas han sido conformadas desde su genética y su contexto con características distintas, pero también con posibilidades de afinidad social, que formaran la identidad y la cultura.

Los pueblos de manera genérica requieren acceso a la salud, la educación y a la seguridad y estos continúan siendo grandes pendientes de la historia de los pueblos y las clases sociales.

Sin embargo y lamentablemente, pareciera que las castas aún prevalecen, se denominan de diferente forma, pero siguen siendo segmentos que pretenden calificar o cualificar de manera diferenciada y absurda los niveles de la sociedad a partir de su condición económica, y tristemente de su origen social o cultural, todo ello desde la visión de quienes ejercen el poder y determinan lo que es bueno y lo que no.

La realidad es que, al hablar de clases sociales, hablamos de contextos genéricos en donde en las áreas públicas conviven y coexisten seres humanos, personas, familias, de distintos orígenes, ideologías, creencias y comportamientos.

Al hablar de las diferentes culturas en los pueblos, también podemos analizar que en diferentes países la cultura de los poderosos o tomadores de decisiones y sus pueblos, también son un crisol inimaginable de ideologías, así, no es lo mismo pensar en los poderosos que toman como bandera una religión, que los poderosos que tienen como objetivo el capital o el desarrollo y bienestar de su pueblo.

Por ello es fundamental volver a los Derechos Humanos como principios orientadores del buen vivir en lo individual y en lo colectivo; leer y volver a leer los diferentes documentos que con una excelente narrativa, pero más aun con un cumulo de intenciones de respeto, reconocimiento y honestidad hacia el ser humano, han sido elaborados en diferentes espacios, tiempos y circunstancias.

Tal es el caso de la Carta de la ONU, la Declaración Universal de Derechos Humanos, los pactos internacionales de Derechos Humanos que establece derechos civiles, políticos económicos, sociales y culturales, la Convención sobre los Derechos del Niño, o el Estatuto de la Corte Internacional de Justicia.

Es imprescindible reconocernos como familia humana, colaborar para que las clases sociales marginadas encuentren con mayor garantía el respeto a sus derechos fundamentales, y procurar trabajar para evitar el temor y la miseria, las revoluciones sangrientas y dolorosas y aquí el garantismo es una posibilidad hacia la recuperación amable del humanismo social.

Cierto es que habrá que dimensionar cómo el cambio de la ciencia y la tecnología cambia las necesidades de las personas y su forma de pensar, pero el objetivo del ser humano es comprender y concientizar la importancia de sí mismo para comprender a otros.

Aún quedan muchos pendientes por lograr y además debemos aceptar que no terminaremos de hablar de necesidades pasadas presentes y futuras, pues el cambio planeado y no planeado sucede si o si en nuestra humanidad y en nuestra sociedad, por ello es necesario enfocar el tema y seguir construyendo juntos.

Resumen de ponencia presentada en el Verano de Ciencia y Academia 2025.

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