Las niñas pueden soñar con ser Presidentas
Paloma Jaqueline Hernández Hernández
Un día en la escuela nos preguntaron qué queríamos ser de grandes. Cada una dijo algo distinto: maestra, doctora, veterinaria… y de repente, una compañera dijo que quería ser presidenta. Nos sorprendió; era un sueño que nunca habíamos escuchado. Inspiradas, varias respondimos: ¡Quiero ser presidenta! ¡Yo también, maestra!
En ese momento, todo parecía posible. Nadie nos había dicho que ser mujer podía significar tener límites. Decir “quiero ser presidenta” no era un deseo de poder, sino de hacer cosas buenas para los demás, de construir un país donde todos fuéramos tomados en cuenta.
Hoy, con Claudia Sheinbaum al frente de México, se abre una puerta: podemos soñar en grande, romper los imposibles y ocupar espacios de poder. Pero no se trata de repetir la política de subordinación, corrupción, traición y protagonismo. Debemos ser mujeres que no minimizan a otras mujeres, que entienden que la verdadera lucha es contra un sistema hetero-patriarcal, capitalista, clasista, racista, homofobico, transfobico y especista, que construye riqueza explotando a otros.
Por deuda histórica, por justicia social, por las que no sobrevivieron a la violencia, por las que sacrificaron sus sueños, por las migrantes, las campesinas, las que no pudieron estudiar, las trabajadoras sexuales, las madres autónomas, las que limpian calles y hogares, nuestras abuelas que soportaron lo injusto, las madres buscadoras, las que cargan con todos los trabajos, por las neurodivergentes y las que no encajan en el molde… necesitamos participación política. La política de las mujeres debe ser distinta: solidaria, justa y transformadora. Debemos unirnos, reconocernos y crecer juntas, porque solo así podremos cambiar las reglas del juego. Solo el 6% de los países del mundo tiene una presidenta; la mayoría de los gobiernos no representan a la mitad de la población. Por eso, cada voz importa. Por eso, cada decisión cuenta. Por eso debemos ocupar nuestro lugar en la historia y demostrar que el liderazgo de las mujeres no es la excepción, sino el futuro.
Es nuestra deuda histórica con todas las mujeres que lucharon antes que nosotras; ahora nos toca ocupar los espacios que nos corresponden, desafiar las estructuras injustas y transformar la política desde nosotras mismas.
“Que ser mujer no determine lo que podemos soñar”
Georgina Alejandra Esquivel García
Es un momento profundamente simbólico y esperanzador. Ver a una mujer ocupar el cargo más alto del país nos invita a reflexionar sobre todo lo que hemos avanzado, pero también sobre lo que aún falta por transformar. Este hecho histórico despierta en muchas de nosotras sentimientos de orgullo, confianza y posibilidad.
Más que celebrar únicamente el hecho, debemos asumirlo como un punto de partida: que tener una mujer Presidenta signifique abrir más puertas, escuchar más voces y construir políticas públicas que realmente transformen la vida de todas.
Este momento histórico tiene sentido si se convierte en un impulso para seguir avanzando hacia un país donde ser mujer no determine los límites de lo que podemos soñar o lograr.
“Tener una Presidenta es un orgullo, pero también una responsabilidad colectiva”
Concepción Margarita Castañeda Cruz
Tener por primera vez una mujer Presidenta en México es, sin duda, un hecho histórico que marca un antes y un después en nuestra vida política y social. Este cambio genera una mezcla profunda de emociones: orgullo, esperanza y también una reflexión crítica sobre todo lo que ha costado llegar hasta aquí. Durante mucho tiempo, las mujeres mexicanas han luchado por ocupar espacios de poder y por ser reconocidas no solo en el ámbito político, sino en todos los ámbitos de la vida pública. Ver a una mujer al frente del país representa la materialización de muchas de esas luchas colectivas, de los esfuerzos silenciosos y de las resistencias que se fueron tejiendo desde los diferentes escenarios. Este momento me hace sentir que llegar a los espacios más altos de decisión no es un sueño imposible.
Sin embargo, también me lleva a pensar que no basta con que una mujer ocupe el poder; lo verdaderamente transformador será que su liderazgo abra las puertas a más mujeres, que impulse políticas con perspectiva de género y que promueva una cultura política más incluyente, empática y justa.
Además, considero que no todas lo estamos viviendo de la misma manera ni con las mismas condiciones. Hay mujeres en México que siguen enfrentando desigualdades profundas. Mientras algunas celebramos este avance simbólico y político, otras aún luchan por derechos básicos. En ese sentido, este hecho histórico debe servirnos para reconocer la diversidad de realidades que vivimos las mujeres en el país y para no olvidar que la verdadera transformación solo será completa cuando ninguna quede fuera. De tal manera, que tener a una mujer Presidenta es motivo de orgullo, pero también de responsabilidad colectiva. Este hecho debe ser un punto de partida para seguir abriendo caminos y fortalecer una conciencia social.
“Tener una Presidenta es reflejo de nuestra larga lucha”
María de la Luz Erandin Ortíz Cuara
Tener una mujer Presidenta es el reflejo de la larga lucha que hemos llevado a cabo las mujeres para alcanzar nuestros derechos. Sabemos que hace falta todavía un gran camino por recorrer, pero sin duda, cada vez que llega una llegamos todas.