Ruptura con el modelo laboral del neoliberalismo

En el corazón del proyecto de la Cuarta Transformación (4T) se encuentra una convicción profunda: el bienestar del pueblo trabajador es pilar para construir un país más justo.

En la construcción del segundo piso de la cuarta transformación, las políticas laborales impulsadas desde el Gobierno de México han significado una ruptura con el modelo neoliberal que durante décadas precarizó el empleo, contuvo salarios y debilitó los derechos laborales. Hoy, podemos hablar de avances concretos que benefician directamente a quienes con su esfuerzo sostienen la vida económica y social del país.

Uno de los logros más significativos ha sido el aumento sustancial al salario mínimo. En 2018, el salario mínimo general era de apenas 88.36 pesos diarios. Para 2024, se elevó a 248.93 pesos en la mayor parte del país y a 375 pesos en la zona libre de la frontera norte. Este aumento representa un crecimiento acumulado de más del 110% en términos reales, uno de los más altos en América Latina.

Más que una cifra, se trata de una recuperación histórica del poder adquisitivo de millones de trabajadores y trabajadoras que por años fueron relegados de la agenda económica.

En cuanto al derecho a una vivienda digna, otro frente fundamental de justicia social, se han redoblado esfuerzos para mejorar el acceso a vivienda de interés social a través del Infonavit. Se han simplificado trámites, eliminado intermediarios y creado esquemas que priorizan el beneficio del trabajador. Programas como “Unamos Créditos” permiten que dos personas —sin necesidad de estar casadas— puedan sumar sus créditos para adquirir una vivienda mejor ubicada o de mayor calidad. Además, se ha fomentado la construcción de viviendas cercanas a centros de trabajo, con servicios y transporte público, combatiendo así el rezago habitacional acumulado por décadas.

Estos avances, impulsados desde un enfoque de justicia social y derechos humanos, no son concesiones sino conquistas logradas con la participación activa de organizaciones sindicales, movimientos ciudadanos y una voluntad política que prioriza a quienes antes fueron invisibles para el modelo económico.

La Cuarta Transformación no solo propone un nuevo rumbo para el país, lo está construyendo desde la raíz: con y para su gente trabajadora.

Aún quedan retos importantes: erradicar el trabajo informal, garantizar equidad de género en el empleo, y asegurar que estas conquistas no sean reversibles.

Pero es claro que el camino iniciado ha puesto al pueblo trabajador donde siempre debió estar: en el centro de la transformación nacional.

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