El docente ante la Nueva Escuela Mexicana

Sin duda que la consolidación del modelo educativo actual (la Nueva Escuela Mexicana), requiere de un docente que sea agente de cambio, o como se menciona en el Artículo 3º constitucional: las maestras y maestros como agentes fundamentales del proceso educativo… una frase llena de muchos compromisos y desafíos.

Compromisos para desarrollar una práctica docente que responda a lo indicado en la Ley General de Educación (LGE), la cual entre otras cosas, menciona que se debe garantizar el derecho a la educación de las niñas, niños y adolescentes (NNA).

Ante este compromiso es necesario que el docente no olvide que su función principal es lograr la mejora del proceso enseñanza aprendizaje, ya que, sin la obtención de aprendizajes por parte del alumno, lo anterior quedaría solo en “buenas intenciones” para mejorar nuestro sistema educativo. Se requiere aceptar y enfrentar que la transformación de la sociedad no será posible sin una educación que logre el desarrollo humano integral, y para ello es necesario que el docente construya de manera colaborativa y colectiva con sus alumnos aprendizajes significativos, que su visión sea la de preparar al estudiante para la vida, con un sentido de pertenencia social, de identidad cultural, con una conciencia de clase que le permita conocer, comprender y atender las diferentes problemáticas que existen en el aula, en la escuela y en su comunidad, comenzando desde su familia y abarcando su contexto social y natural.

Se requiere un docente comprometido con su actualización, capacitación, preparación y profesionalización, entendiendo esta última como lo señala Francisco Imbernón (1994), quien considera que la profesionalización no solo implica adquirir conocimientos técnicos, sino también desarrollar una identidad profesional basada en la reflexión y la mejora continua. Por ello, la Nueva Escuela Mexicana requiere un docente investigador y profesional que, desde lo planteado en la LGE, coadyube al logro de los fines educativos que se persiguen: Contribuir al desarrollo integral y permanente de los educandos; promover el respeto irrestricto de la dignidad humana a partir de una formación humanista; inculcar el enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva; fomentar el amor a la Patria, el aprecio por sus culturas, el conocimiento de su historia y el compromiso con los valores, símbolos patrios y las instituciones nacionales; formar a los educandos en la cultura de la paz, el respeto, la tolerancia, los valores democráticos que favorezcan el diálogo constructivo, la solidaridad y la búsqueda de acuerdos que permitan la solución no violenta de conflictos y la convivencia en un marco de respeto a las diferencias; promover la comprensión, el aprecio, el conocimiento y enseñanza de la pluralidad étnica, cultural y lingüística de la nación; inculcar el respeto por la naturaleza; fomentar la honestidad, el civismo y los valores necesarios para transformar la vida pública de su entorno y del país mismo.

Así como mencionamos el compromiso docente, es necesario señalar también los desafíos que debe enfrentar, el primero y a mi juicio el más importante: retomar, afianzar o fortalecer la vocación docente, sentir ese amor por la práctica educativa y el desempeño pedagógico, una vocación que sea la pauta para crear ambientes de aprendizaje exitosos, que le brinde al alumno entornos seguros, un docente con vocación se esfuerza y se esmera por lograr que sus estudiantes se sientan felices en sus clases, en el aula y en la escuela, y desde la neuro didáctica, el hecho de que el alumno mantenga un estado de ánimo positivo y sus emociones favorezcan su bienestar, ese alumno tendrá mejores condiciones para un proceso de enseñanza aprendizaje más eficaz y eficiente.

Por otro lado, los desafíos del papel docente ante la Nueva Escuela Mexicana, incluyen también el que el docente sea un agente abierto al cambio, investigador, revolucionario, receptor de aprendizajes, con un pensamiento crítico y creativo, pero a la vez un docente informado y actualizado, que permanentemente se capacite pedagógicamente.

Esto implica que adecue su ejercicio educativo a las metodologías sociocríticas y a los campos formativos que marca el Plan y Programa 2022, que sea capaz de leer su realidad inmediata para enfocar los problemas, intereses o necesidades del aula, de la escuela y/o de la comunidad, para con este enfoque participar activa y colectivamente en el codiseño de su Plan Analítico y de Planeación Didáctica, todo lo anterior desde la visión de las Epistemologías del Sur y desde el enfoque y el proceso de la evaluación formativa.

Un docente capaz de enfrentar el reto de aprehender sobre la importancia de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación (TIC´S) en el proceso educativo, para dar el salto y convertirlas en TAC´S (Tecnologías para el Aprendizaje y el Conocimiento), garantizando que el uso de las TIC´S sea orientado hacia procesos formativos más que informativos, y hacia la construcción de aprendizajes significativos.

Concluyo mencionando que otro desafío del docente es enfrentar el abandono y la desatención salarial, laboral, profesional e incluso personal que enfrentamos por parte de las autoridades, de las esferas políticas y de los padres de familia, si bien no es generalizable si es un fenómeno que no puede quedar desatendido en este artículo, la revalorización de la que se habla en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, tiene que ser real y objetiva, disminuyendo las cargas administrativas y favoreciendo el trabajo pedagógico, garantizando un salario, unas prestaciones, un retiro, una pensión o una jubilación digna, sin duda otro tema que requiere de información, reflexión y acción sociopolítica… solo unidos y organizados podremos garantizar el éxito de la Nueva Escuela Mexicana, y también así podemos enfrentar los embates y la pérdida de nuestros derechos que durante los últimos años hemos sufrido.

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