¡Es tiempo de elegir a quienes estén del lado de la ley y de la gente!
Emma León
La reforma al Poder Judicial no es cualquier cambio: es un momento histórico, una oportunidad única para que la ciudadanía al fin se sienta parte de una institución que durante mucho tiempo ha parecido lejana, ajena, inaccesible.
Hoy, por primera vez, tenemos en nuestras manos la responsabilidad —y el privilegio— de elegir a quienes decidirán sobre la justicia en nuestro país. No es poca cosa. Elegiremos a quienes tendrán en sus manos la resolución de los problemas más profundos, las controversias más delicadas, las decisiones más importantes.
Sabemos que muchos aún se sienten distantes o indiferentes. Pero este proceso es una invitación a mirar de cerca el trabajo de juezas, jueces, magistradas, magistrados, ministras y ministros. A entender su papel y su impacto en nuestras vidas.
Porque el Poder Judicial no debe ser una torre de marfil. Debe ser un espacio al servicio del pueblo. Este 1 de junio, como mexicanas y mexicanos, tenemos una cita con la historia. Es la oportunidad de abrir las puertas de la justicia a la democracia. Es el momento de alzar la voz, de hacer valer nuestra soberanía, y de recordarle al Poder Judicial que trabaja para nosotras y nosotros.
Trato digno y justicia con el corazón
Juan Gabriel Moscoso Gutiérrez
Como juez de primera instancia, con 15 años de servicio dentro del Poder Judicial del Estado, puedo decir con certeza que esta reforma era urgente y necesaria. Así como el país ha comenzado una transformación profunda, nuestras instituciones también deben renovarse. Y no hay nada más esencial que transformar la manera en que se imparte justicia.
Porque la justicia no puede seguir siendo ajena, lejana o inaccesible. La justicia tiene que ser humana, cercana, limpia. Y para lograrlo, el primer paso es enfrentar con firmeza y decisión el mayor enemigo que ha dañado a nuestras instituciones: la corrupción.
No podemos permitir que este lastre siga manchando algo tan sagrado como el derecho de las personas a recibir justicia. Cada persona que cruza la puerta de un juzgado merece ser tratada con dignidad y respeto. Detrás de cada expediente hay una historia, un problema real, una vida esperando ser escuchada y atendida. Nuestra labor es resolver con eficiencia, con eficacia y, sobre todo, con humanidad.
Los jueces no solo tomamos decisiones legales, tomamos decisiones que marcan vidas. Por eso, debemos actuar con integridad, con imparcialidad, sin prejuicios, y con el valor de hacer lo correcto incluso cuando no es lo más fácil. Hoy más que nunca, la justicia necesita valentía, sensibilidad y compromiso. Y esa es la transformación que estamos llamados a construir.
Un llamado a despertar la justicia
Krishna Gandhi Medina Uribe
Ya era hora. La reforma al Poder Judicial era no solo necesaria, sino urgente. Había que sacudirlo, removerlo desde sus raíces. Pero más allá del cambio estructural, lo verdaderamente trascendental es que este nuevo Poder Judicial debe ser cercano a la gente, transparente, y, sobre todo, legitimado por la voluntad ciudadana.
Por primera vez, quienes ocupen estos cargos no serán producto de pactos ni favoritismos familiares o políticos. Serán elegidos por y para la ciudadanía. Eso es democratizar la justicia. Eso es devolverle su verdadera esencia: servir al pueblo.
Este proceso también nos exige algo a nosotros: transitar por el camino de la organización ciudadana, sin ataduras, sin compromisos con partidos políticos. Y no solo porque la ley así lo indica, sino porque la congruencia y la ética deben ser nuestras guías.
Algunos dicen que votar es complicado. Pero no lo es. Votar es sencillo. Lo complicado es quedarnos callados. Este momento es de la ciudadanía, y solo con la ciudadanía debe construirse. Este 1 de junio tenemos una cita con la historia. Una oportunidad única de levantar la voz y decidir quiénes estarán al frente de la justicia en nuestro país. Hagamos que la justicia también sea del pueblo. ¡Participa!