Si hubiera planeado EEUU hacer una guerra simultánea contra todos los países e instituciones del planeta, no le habría salido tan efectiva como la que estamos viendo y viviendo en estos días. Cierto, se trata de una guerra económica y comercial aderezada con guerras militares que afecta drásticamente la subsistencia de miles de millones de personas incluyendo a la misma población estadounidense.
Es realmente impresionante la confrontación que Trump ha abierto en un mismo momento contra Japón, Corea del Sur, Europa, Canadá y desde luego, contra los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y decenas de naciones en todos los continentes, aplicando aranceles que llegan como en el caso de la industria farmacéutica al 200 por ciento, amenazando al país que pretenda responder con aranceles recíprocos ya que se hará acreedor al arancel decretado por EEUU más el monto que tal país pretenda imponerle como respuesta. Increíble, pero, cierto.
Han sido inútiles los esfuerzos de las propias empresas norteamericanas por advertir los impactos negativos que tiene esa política arancelaria contra la economía interna en términos de inflación, cierre de empresas y riesgo de una fuerte depresión. Grandes empresas están dejando de operar en EEUU ante el incremento de los insumos importados. Armadoras de vehículos y hasta comercializadoras como Wall Mart, pasando por la icónica John Deere, se van de ese país dejando a cientos de miles de personas sin empleo. Se puede documentar ya que la guerra comercial de Trump es una guerra perdida.
Para México la perspectiva no es favorable por más que tiene una economía fuerte como no la tuvo en décadas; sin embargo, los aranceles al acero, al aluminio, al cobre y ahora el agregado del 30 por ciento a toda mercancía importada de México a EEUU representa una amenaza seria para la estabilidad de la economía mexicana. Todavía se espera que en las actuales negociaciones bilaterales se respete el contenido del TMEC, aunque el otro socio, Canadá, no esperó más y ya está orientado su comercio hacia China y la Unión Europea.
Para México, igualmente, ya se han abierto amplias posibilidades de inversión y comercio con los países BRICS, pero, el cambio de modelo económico y comercial que traslade el grueso de las actividades a otros países estando tan integrado este país al vecino del norte, no se hace en tiempos cortos y la previsible caída del empleo en EEUU impactará sin duda en la población migrante y en el correspondiente envío de remesas, entre otros efectos.
Las fuerzas de la derecha en México esperan y promueven que se dé el peor escenario para este país manteniendo su empeño en fracturar la unidad del pueblo con el Gobierno de la 4T. Sin duda, intentarán recuperar espacios políticos en los 17 estados en los que se renovarán las gubernaturas y los espacios de los ayuntamientos y diputaciones, sin embargo, todas las encuestas siguen previendo un triunfo contundente para Morena y sus aliados en las jornadas del 2027.
Siendo un factor innegable de desestabilización nacional que provoca la caótica dinámica internacional de esta época, el avance del proceso democratizador en México, con un Poder Judicial determinado por el voto popular y abarcando ya los tres poderes de la Unión -Ejecutivo, Legislativo y Judicial- hará muy difícil para la derecha repetir las experiencias de fraudes y golpes contra la voluntad popular desde los tribunales en los que en el pasado tuvo su bastión.
La lucha mediática que sigue sosteniendo la derecha dueña de la inmensa mayoría de los medios y recursos de comunicación contra la 4T se encuentra igualmente frente a los formidables obstáculos de la información presidencial cotidiana de la Mañanera del Pueblo y las giras de la titular del Ejecutivo por todo el territorio nacional inaugurando importantes obras públicas, supervisando los programas sociales y practicando una viva convivencia con el pueblo.
Finalmente, en el estratégico frente del partido, se espera un proceso de crecimiento sin precedentes en la izquierda y lo más importante: la construcción territorial de base con más de diez millones de afiliados que deberán hacer de Morena un verdadero partido de izquierda fundido con el pueblo, teniendo el compromiso histórico de avanzar en la Revolución de las Conciencias que deberá hacer irreversible la Cuarta Transformación de la vida pública de México.