Giovanni Sartori afirma que “el número de partidos indica inmediatamente, aunque solo sea de modo aproximado, una característica importante del sistema político: la medida en que el poder político está fragmentado o no fragmentado, disperso o concentrado. Análogamente, con solo saber cuántos partidos existen estamos alerta al número de posibles “corrientes de interacción” que intervienen”1.
De esta manera, el partido en el poder siempre buscará que exista el menor número de corrientes de interacción, que para efectos de éste artículo serán “las voces que importan dentro de un sistema parlamentario”.
En términos llanos, menor oposición significa siempre tener un camino más allanado para ejercer el programa del ganador electoral. Por definición, todos los partidos, en todo el mundo, en todo momento, buscarán tener el menor número de oponentes electorales. Es por ello que las voces, unas que importan y otras que no, son inocuas al manifestar que el partido gobernante busca ser un “partido de estado” y “perpetuarse” en el poder cuando ¡Ese es el punto de un partido político que compite electoralmente!
Ahora bien, ¿qué tan agresiva es la Reforma Electoral que propone la Presidenta Claudia Sheinbaum? Mi opinión es que es agresiva, pero democrática, muy democrática. Esto es así porque a pesar de que la desaparición de las candidaturas y representaciones plurinominales es una “demanda popular”2, la Presidenta asume el costo político de mantener este tipo de representación que a finales del siglo XX representó un avance fundamental para el planteamiento de ideas legítimamente progresistas en el Congreso de la Unión.
Ahora bien, sin duda se han generado vicios al interior de los partidos políticos que cuentan con representación plurinominal, que tanto el Presidente Andrés Manuel López Obrador como la Presidenta Sheinbaum se han decidido a combatir desde el primer día de sus respectivas gestiones.
La propuesta del actual gobierno “mantiene los 200 diputados plurinominales, pero sustituye la fórmula tradicional de listas partidistas por un sistema en que:
- 100 curules se asignarían a quienes no ganaron en distritos, pero obtuvieron los mejores porcentajes de voto dentro de su partido, y
- 100 curules serían electos por votación directa en circunscripciones regionales, incluyendo espacios para mexicanos en el extranjero.
El Senado vería eliminado el componente de representación proporcional, quedando sus 96 escaños únicamente por mayoría relativa y primera minoría”. Por lo que los representantes populares tendrían que haber ido, por lo menos literalmente “en papel” a hacer campaña en territorio, lo cual es clave para tener siquiera una idea de las demandas ciudadanas más apremiantes.
En conclusión, la Reforma Electoral propuesta por la Presidenta de la República será muy probablemente rechazada, puesto que los cotos de poder enquistados en los partidos de oposición y ¿aliados? no permitirán poner en riesgo ciertas canongías que al estilo de Esaú se intercambian por un guiso de lentejas; pero lo valioso será que esta iniciativa es congruente con el partido dirigente y con el electorado mexicano siendo ambos contundentes, pero democráticos.
1 Giovanni Sartori “Partidos y Sistemas de Partidos”. Alianza Editorial segunda edición ampliada versión de Fernando Santos Fontenla página 151.
2 Se entrecomilla porque existe en la esfera política popular una combinación entre legítimos cuestionamientos ciudadanos a las candidaturas plurinominales con las corrientes de opinión superficiales de poderosos medios de comunicación serviles a la burguesía que presentan a los diputados plurinominales como los villanos de una narrativa populista.