El capitalismo ha utilizado históricamente las guerras como un medio para superar las crisis inherentes a su funcionamiento. Estados Unidos, al igual que el antiguo imperio británico y otras potencias europeas y asiáticas como Japón, ha recurrido al uso de la fuerza para expandir y consolidar su poder a escala global.
A lo largo de su historia, Estados Unidos ha vivido en paz apenas unos 16 de sus más de 250 años, y actualmente mantiene más de 800 bases militares distribuidas en todo el mundo. Su influencia se impone bajo una lógica de dominación. Los llamados padres fundadores fueron, en su mayoría, esclavistas, y aunque la esclavitud fue abolida en 1865 tras la Guerra de Secesión, el racismo ha persistido hasta nuestros días.
En este contexto, Estados Unidos encontró un aliado estratégico en el sionismo, un movimiento surgido en Europa entre 1880 y 1890, integrado por judíos que buscaban restablecerse en Palestina, región de la que habían sido expulsados tras la destrucción de Jerusalén en el año 70.
En el siglo XX, el gobierno de Hitler firmó con representantes sionistas el Acuerdo Haavara, el 25 de agosto de 1933, que permitió la migración de miles de judíos alemanes hacia Palestina. Posteriormente, para Estados Unidos, el proyecto sionista funcionó como un punto de apoyo geopolítico para influir en Medio Oriente, una región clave por sus recursos energéticos.
En 1948, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la creación del Estado de Israel fue respaldada por Estados Unidos en los ámbitos económico, político y militar, con la anuencia de la ONU, en el contexto del Holocausto. Este proceso implicó el desplazamiento del pueblo palestino y la pérdida de sus territorios.
Los conflictos en Gaza y Cisjordania forman parte de una dinámica más amplia en la región. Israel, con apoyo estadounidense, ha consolidado su poder, mientras que diversos países árabes han establecido relaciones con él, aunque Irán y grupos chiíes mantienen una postura de confrontación.
Israel posee armamento nuclear desde hace décadas con apoyo indirecto de Estados Unidos. En contraste, Irán ha sido objeto de sanciones internacionales para impedir el desarrollo de capacidades similares, con respaldo de la Unión Europea.
Tras el fin de la Guerra Fría en 1990, Estados Unidos consolidó su posición dominante, sustentada en el dólar como moneda de reserva global. Sin embargo, el crecimiento de economías como China, Rusia e India dio lugar a un nuevo equilibrio internacional, reflejado en la formación de los BRICS, que promueven un orden multipolar.
En las últimas décadas, este nuevo escenario ha generado tensiones entre Estados Unidos y sus aliados europeos frente a estas potencias emergentes. Conflictos como el de Ucrania evidencian estas disputas geopolíticas, mientras se intensifica la competencia tecnológica y económica.
Las dificultades internas y externas de Estados Unidos han influido en el resurgimiento de posturas nacionalistas, como las impulsadas por Donald Trump en 2016 y 2024, bajo la consigna de “hacer grande a Estados Unidos otra vez”.
En este contexto, el uso de la fuerza militar sigue siendo un instrumento central, aunque cada vez más cuestionado. La confrontación con Irán adquiere relevancia estratégica, pero también implica riesgos globales significativos.
La prolongación de estos conflictos impacta la economía mundial, especialmente en el sector energético, lo que repercute en inflación y aumento del costo de vida a nivel global. México, aunque con menor impacto relativo, también enfrenta efectos en sectores clave debido a su dependencia de importaciones como fertilizantes, gas y maíz.
Asimismo, la revisión del tratado comercial con Estados Unidos implicará presiones, aunque estas también afectan a empresas estadounidenses establecidas en México.
En este contexto, resulta pertinente reconocer el avance de la Cuarta Transformación por la política aplicada desde 2018, tanto en el ámbito económico como en las relaciones internacionales. La posición de México se mantiene sólida y con reconocimiento internacional, lo que le permite enfrentar un entorno global adverso con mayor capacidad de maniobra.