
Líder y vocero de la organización Los Héroes Migrantes Son Primero
Denver, Colorado
La comunidad migrante mexicana en Estados Unidos observa con preocupación el resurgimiento de discursos y acciones políticas de Donald Trump que buscan influir directamente en asuntos internos de México. Para millones de mexicanas y mexicanos que viven en el exterior, este tipo de intervencionismo no solo representa una amenaza política, sino también una forma de presión que históricamente ha afectado la dignidad, la estabilidad y la seguridad de los migrantes y sus familias.
Durante años, las personas migrantes hemos sido utilizadas como bandera política en campañas electorales estadounidenses. Con frecuencia se nos responsabiliza de problemas económicos, de seguridad o sociales, mientras, al mismo tiempo, nuestra mano de obra sostiene sectores fundamentales de la economía estadounidense. Hoy, nuevamente, observamos cómo Donald Trump intenta colocar a México en el centro de su narrativa política, utilizando temas migratorios, comerciales y de seguridad para generar confrontación y polarización.
Muchos migrantes perciben estas posturas como una forma de presión hacia el gobierno mexicano y como un intento de imponer agendas políticas externas sobre decisiones soberanas de nuestro país. Existe preocupación porque este tipo de declaraciones alimenta un ambiente de odio, división y criminalización hacia la comunidad latina y mexicana en Estados Unidos.
Sin embargo, también existe una realidad que debe reconocerse: la relación entre México y Estados Unidos es profundamente compleja y está unida por millones de familias binacionales, trabajadores, empresarios, estudiantes y comunidades enteras que contribuyen al desarrollo de ambas naciones. Los migrantes no queremos confrontaciones políticas que terminen afectando a quienes, día tras día, trabajan y luchan honestamente por salir adelante.
Desde la perspectiva migrante, México debe actuar con firmeza, dignidad y una diplomacia inteligente. La defensa de la soberanía nacional no debe convertirse en un espectáculo político, sino en una política seria de protección hacia las y los mexicanos dentro y fuera del país. Al mismo tiempo, Estados Unidos debe comprender que las personas migrantes no somos enemigas; somos parte fundamental de la economía, la cultura y el desarrollo social de ese país.
La comunidad migrante espera que cualquier diferencia política entre gobiernos no se traduzca en persecución, discriminación o abandono hacia quienes vivimos en el exterior. Hoy más que nunca, las y los mexicanos migrantes exigimos respeto, representación digna y políticas humanas que reconozcan nuestra aportación histórica. Porque el migrante no solamente envía remesas: sostiene familias, comunidades y economías enteras a ambos lados de la frontera.
Finalmente, es importante recordar que la voz de la comunidad migrante debe ser escuchada con seriedad y respeto en cualquier discusión política relacionada con la relación entre México y Estados Unidos. Los millones de mexicanas y mexicanos que vivimos fuera del país seguimos siendo parte activa de la nación y merecemos políticas públicas, representación diplomática y decisiones gubernamentales que respondan verdaderamente a nuestras necesidades y realidades.
El fenómeno migratorio no debe utilizarse como herramienta electoral ni como mecanismo de presión política. Debe abordarse con responsabilidad, sensibilidad humana y visión de Estado. La estabilidad entre ambas naciones dependerá, en gran medida, de la capacidad de sus gobiernos para construir puentes de cooperación y respeto mutuo, y no de confrontación o división.
Hoy, más que nunca, las y los migrantes mexicanos hacemos un llamado a la unidad, al respeto de la soberanía nacional y a la defensa de los derechos humanos de nuestra comunidad en el exterior. Porque detrás de cada migrante existe una historia de esfuerzo, sacrificio y amor por su país.