¿Tiene sentido hablar de civilizaciones?

Una opción para analizar la coyuntura actual es la del sistema-mundo, el cual tiene un sustento eminentemente económico. Pero, para complementar el análisis desde un enfoque sociológico, vale la pena poner sobre la mesa el concepto de civilización.

Aunque se podría hablar de numerosas civilizaciones, en la actualidad solo hay algunos grandes actores que desempeñan un papel fundamental y, para analizarlos más adecuadamente, serviría el concepto de plataforma civilizatoria, la cual debería comprender varias características: una extensión territorial considerable, una población superior a 400 millones de habitantes (aproximadamente el 5 % de la población mundial), una lengua mayoritaria común, una religión mayoritaria común y un sistema político mayoritario, ya sea en el presente o en el pasado.

Las principales plataformas del mundo contemporáneo

Desde esta perspectiva, el mundo actual puede entenderse como la interacción —de cooperación y competencia— entre varias plataformas continentales.

La plataforma anglosajona, articulada en torno al inglés y al cristianismo protestante, constituye hoy el bloque de mayor influencia financiera, tecnológica y militar, heredero del Imperio británico y continuado, en buena medida, por el actual predominio de Estados Unidos. Su capacidad para proyectar valores económicos (libre comercio), políticos (derechos humanos) y productos culturales (música y cine) le ha permitido ocupar una posición hegemónica durante buena parte de las últimas décadas.

La plataforma eslava, organizada alrededor de la lengua rusa y del cristianismo ortodoxo, mantiene una fuerte continuidad histórica con el Imperio ruso y la posterior Unión Soviética. Su enorme extensión territorial y su capacidad militar continúan situándola como uno de los principales polos del sistema internacional.

En Asia destacan dos plataformas de enorme relevancia. La plataforma china, sustentada por el mandarín y con una tradición fuertemente influida por el confucianismo y el budismo, combina una extraordinaria continuidad histórica con la mayor comunidad de hablantes nativos de una misma lengua y una economía con presencia en todo el mundo. Por su parte, la plataforma india, articulada principalmente alrededor del hindi y el hinduismo, experimenta un acelerado crecimiento demográfico y económico que la proyecta como uno de los principales actores del siglo XXI.

Se podría postular una sola plataforma musulmana, sustentada en el islam. Sin embargo, esta plataforma no es un monolito. Al igual que ocurre con el cristianismo, existen diversas interpretaciones religiosas, lo cual podría configurar varias subplataformas diferenciadas, articuladas en torno a distintas lenguas: el turco (Turquía, heredera del Imperio otomano), el persa (Irán, heredero del Imperio persa) y el árabe (en torno a Arabia Saudita y el norte de África, región que ha conocido diversos califatos).

Finalmente, la plataforma iberoamericana, sustentada en dos idiomas tan cercanos como el español y el portugués, constituye uno de los mayores espacios lingüísticos del mundo. Reúne a más de 500 millones de hispanohablantes nativos y a más de 250 millones de lusófonos, distribuidos en países de América, Europa, África y Asia. Se trata de un territorio vastísimo, con una población gigantesca y un enorme potencial económico, que permanece insuficientemente articulado.

Reconocer este legado no implica idealizar el pasado ni desconocer los conflictos que acompañaron la formación de los antiguos imperios; significa aceptar y asumir la historia. Las comunidades políticas existentes hasta los siglos XIX y XX dejaron una infraestructura cultural que vale la pena valorar. Asimismo, conviene subrayar que reconocer un pasado común no implica cuestionar la independencia ni la soberanía de ninguno de los Estados actuales.

En este contexto, México reúne condiciones excepcionales para desempeñar un papel de liderazgo. Su dimensión económica y demográfica, su ubicación estratégica entre América del Norte y América Latina, así como el peso internacional del español, le otorgan una posición privilegiada para impulsar proyectos de integración en toda Iberoamérica, la cual incluye territorios de América, Europa, África y Asia, además de importantes comunidades hispanohablantes y lusófonas en los Estados Unidos de América.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio