Michoacán: Sembrar valor, cosechar bienestar. La apuesta de la 4T

La riqueza natural de Michoacán, evidenciada en sus suelos volcánicos, su diversidad climática y su profunda sabiduría ancestral, no es un accidente geográfico, sino el punto de partida de una apuesta histórica: convertir el potencial agroalimentario del estado en bienestar compartido. Ese es el sentido profundo de la Cuarta Transformación: que la tierra que produce no sea la misma que siga esperando los beneficios del desarrollo.

Bajo el principio rector de la Cuarta Transformación, “Por el bien de todos, primero los pobres”, el desarrollo no puede medirse únicamente por el volumen del producto interno bruto, sino también por la forma en que se distribuye la riqueza, los ingresos que perciben las personas y el acceso efectivo a sus derechos. Michoacán exporta aguacate, berries, limón y mango; sin embargo, una parte importante del valor agregado, de la innovación y de las utilidades generadas a lo largo de la cadena productiva suele concentrarse fuera del territorio. La transformación consiste precisamente en revertir esa lógica: que los frutos de la tierra michoacana generen desarrollo y prosperidad en las comunidades que los producen.

Esta filosofía transformadora no es un eslogan, sino una reafirmación de un proyecto de gobierno que busca separar el poder económico del poder público y recuperar la rectoría del Estado para ponerla al servicio del interés colectivo. En el ámbito agroindustrial, ello implica que el Estado no puede limitarse a ser un espectador de la concentración de la riqueza, sino que debe actuar como promotor de la inclusión productiva. En ese sentido, el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 establece ejes como Economía moral y trabajo y Desarrollo sustentable, que ofrecen un marco para impulsar la transformación de Michoacán. La creación de plantas regionales de procesamiento, la certificación incluyente con estándares internacionales como GlobalG.A.P. y HACCP, así como el fortalecimiento de cooperativas y empresas sociales, no son ocurrencias: representan la materialización de un modelo que coloca a las personas en el centro y concibe el crecimiento económico con dos principios inseparables: sustentabilidad y bienestar.

El Humanismo Mexicano, eje vertebral del proyecto de nación, encuentra en Michoacán un territorio donde puede materializarse. La soberanía alimentaria, la defensa del maíz criollo y la valoración de la cultura gastronómica no son expresiones de nostalgia, sino estrategias de desarrollo con identidad. Diversificar la oferta exportable hacia productos procesados, orgánicos y con denominación de origen no solo reduce la vulnerabilidad frente a las fluctuaciones de los mercados internacionales, sino que también posiciona a Michoacán en nichos de alto valor agregado, como los productos gourmet y saludables, cuya demanda continúa en crecimiento. Ello contribuye a generar empleos dignos y a fortalecer el tejido comunitario.

Asimismo, la infraestructura logística del Puerto de Lázaro Cárdenas, articulada con centros de refrigeración, cadenas de frío y parques agroindustriales, puede consolidar al estado como un corredor productivo que integre el campo, la transformación industrial y la exportación en un mismo sistema territorial. Esa es la oportunidad que ofrece la Cuarta Transformación: no solo producir más, sino transformar mejor, para que el valor agregado, el conocimiento y la identidad permanezcan en las comunidades que los generan.

Michoacán cuenta con la tierra, la capacidad productiva y la infraestructura logística. La Cuarta Transformación plantea una visión de desarrollo sustentada en principios de bienestar e inclusión. El desafío consiste en traducir ese potencial en prosperidad compartida para las y los michoacanos.

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