Migrar

Me marché sin querer partir,

con el sueño cosido en mi mochila.

Llevo el nombre de mi México en la lengua, 

por si se me olvidaba cómo se llora.

Me llamaron extranjera en una tierra que no entiende,

donde mis manos también siembran, mi espalda también carga,

mi voz también canta el himno, aunque me tiemble al decir “mexicanos”.

Aquí formé mi familia, entre dos idiomas y dos culturas.

Mis hijos dicen mom y mamá en la misma frase,

y yo les enseño que la patria no es el suelo: es la memoria.

Envío remesas como envío abrazos, dobladitos,

con miedo de que no lleguen.

Cada billete lleva tierra de mi madre y padre,

el polvo de la calle donde aprendí a correr.

Nos violaron la Cuarta y la Quinta Enmienda,

pero no pudieron tocarnos el origen.

Porque México no está allá…

México va conmigo en mi casa, en la fábrica,

en la cocina que huele a chile y a nostalgia.

Volveré, con los zapatos gastados y el corazón nuevo,

a decirle a mi tierra: “Perdón por irme. Gracias por esperarme”.

Porque irse no es olvidar.

Es multiplicar a México. 

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