Unidad política y desarrollo social, los retos de la nueva etapa en Michoacán 

Una vez definida la titularidad de la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación en Michoacán a favor del compañero Carlos Torres Piña, es muy importante destacar que el interés y la atención del pueblo de Michoacán, así como de los liderazgos políticos que encabezan el avance de la 4T en nuestra entidad, deben centrarse en el proceso social de conjunto que se está viviendo en el ámbito nacional y, en especial, en la marcha del Plan Michoacán, el cual tiene un horizonte amplio que abarca 12 ejes de acción para el desarrollo con justicia.

El Plan y su horizonte estratégico dan certeza a los compromisos que asumen tanto el Gobierno Federal como el Estatal para el presente y el porvenir social de más de cuatro millones y medio de personas que vivimos en Michoacán, así como de más de 2 millones de personas vinculadas con nosotros que viven y trabajan en Estados Unidos y Canadá.

En general, se puede advertir que en la definición de la titularidad de la Coordinación Estatal en Michoacán ya señalada influyó la atención a la actual prioridad que contempla el Plan Michoacán en primer lugar: la seguridad con justicia para avanzar hacia la paz social. También se debe destacar que los siguientes 11 ejes de este Plan están dirigidos a enfrentar las causas estructurales de la violencia social provocada por las estructuras de la delincuencia, porque, sin esa estrategia, no es posible alcanzar la paz social, sino que se profundizaría el problema, tal como se vivió durante el sexenio de Felipe Calderón en nuestro estado.

Es clave comprender lo anterior porque de ahí se deriva la necesidad de la unidad política de los liderazgos realmente comprometidos con la 4T, para dar sostenibilidad y gobernabilidad a la próxima administración, haciendo posible el avance simultáneo entre la contención de la violencia y el desarrollo con justicia social. Ahí es donde, por obligación ética y política frente al pueblo, han de alcanzarse los acuerdos que sean necesarios entre los equipos y liderazgos para profundizar, en todos los órdenes, el impacto de la 4T.

El mandato de la unidad no es opcional y tendrá que regirse por los principios ya conocidos y reclamados por las mayorías: por el bien de todos, primero los pobres, bajo la obligación de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo. Han de recordarse, además, las dos consignas clave del obradorismo, heredadas de la sabiduría de las luchas populares universales: solo el pueblo salva al pueblo y solo el pueblo organizado salva a la nación.

Sabiendo eso, es decir, lo peligroso que resulta para sus intereses que el pueblo se organice, los neoliberales combatieron durante muchos sexenios y a fondo toda iniciativa de organización social y popular: las cooperativas, los sindicatos, las comunidades indígenas y los ejidos, entre otras. Ahora es el momento de retomar la tarea de impulsar a esas organizaciones porque, efectivamente, ahí reside el poder popular que puede enfrentar, hoy y mañana, a la derecha y a su aliado, el imperialismo amenazante.

Por supuesto, MORENA, como partido-movimiento, ha de cumplir su papel como organizador político, motor de la Revolución de las Conciencias y de la movilización popular.

Finalmente, la próxima administración, como todas, estará sujeta al escrutinio del pueblo y sabrá reconocer y sancionar el papel positivo o negativo de quienes tomarán el mando el año próximo.

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