Soberanía energética, la prioridad para “estos tiempos”

Este mes se cumplieron 88 años desde aquella lejana noche del 18 de marzo de 1938, cuando el entonces Presidente de la República, el General Lázaro Cárdenas del Río, transmitió por la radio a toda la nación que, a partir de ese momento, eran expropiados los recursos petroleros del país a las industrias extranjeras para regresarlos al pueblo de México. Comenzó una etapa de fortalecimiento de la soberanía nacional a partir de la construcción de soberanía energética; hoy, de nuevo, nos encontramos en una etapa similar, con nuevos desafíos en estos tiempos de claroscuros, parafraseando a Gramsci, en los que “surgen los monstruos”. 

Aquel 1938 y este 2026 tienen un común denominador en el orden internacional: son tiempos de transición hegemónica, en los que una potencia imperial presenta una franca decadencia mientras que la nueva potencia aun no consolida su presencia global; la potencia en decadencia fue el Imperio Británico, hoy es Estados Unidos. Otra característica común es el surgimiento de “monstruos”, reflejo de la inestabilidad y el desorden que provoca la ausencia de un orden común y la disputa por la hegemonía: hace 88 años fue el triunfo del fascismo en Europa, hoy es el triunfo de la ultraderecha en varios puntos de América y Europa. 

En medio de estos claroscuros, México fortaleció y fortalece soberanía nacional ante los embates del exterior, ante la inestabilidad global y una de las principales palancas ha sido y es el sector energético, que permite la movilización de la estructura económica constituida por distintos desarrollos tecnológicos que demandan distintos tipos de combustibles. Por eso, la soberanía energética es uno de los pilares de la soberanía económica, al mismo tiempo que estas dos nutren la soberanía de un pueblo, la soberanía de un Estado-nación. 

Hace siete años comenzó en nuestro país la recuperación de aquella industria petrolera rescatada por Lázaro Cárdenas y casi extinguida durante los 36 años de gobiernos neoliberales (1982-2018) a partir del debilitamiento, fragmentación, endeudamiento y abandono de Petróleos Mexicanos (PEMEX), que se coronó con la regresiva reforma energética de 2013. 

En siete años se logró la construcción de una nueva refinería, la recuperación de las seis existentes y la compra de una más, que permitió duplicar la refinación de combustible y casi lograr la autonomía en la producción de combustibles. Aún con todo, no podemos hablar todavía de soberanía energética porque tenemos otro desafío enfrente. La presidenta Claudia Sheinbaum lo destacó en su mensaje del 18 de marzo: nuestro país importa de Estados Unidos el 75% por ciento del gas natural que consumimos. 

El petróleo hoy es estratégico. La guerra, las invasiones y las sanciones impulsadas por Estados Unidos durante el último año lo han demostrado con creces; primero, con el secuestro del presidente Nicolás Maduro, en Venezuela, para controlar las mayores reservas mundiales de petróleo; después con Cuba, mostrando la capacidad de paralización de una economía a través del bloqueo de suministro de petróleo e hidrocarburos; luego con Irán, revelándose que la economía mundial aún puede paralizarse mediante la inestabilidad en la zona por la que atraviesa el 20% del consumo mundial de petróleo. 

Y esta última guerra ha mostrado otra de las caras de la interdependencia o dependencia energética global: el gas natural también es estratégico. Los ataques a los yacimientos de gas en Qatar e Irán dispararon el precio de este combustible en 25 por ciento en Europa, un impacto en precios que puede extenderse al resto del mundo, representando un riesgo alto para México.

Por ello, la soberanía nacional vinculada a la soberanía energética de nuevo está o debería estar en el centro de la discusión; y, sobre todo, en las acciones de los distintos órdenes de gobierno, mediante el aprovechamiento responsable de recursos naturales, el impulso del desarrollo tecnológico y la formación de personas trabajadoras, técnicas y profesionales que consoliden esta dimensión de la soberanía del pueblo de México.

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