Francisco Martínez Manríquez y Reynalda Zapien Valencia
Hoy en día, las desigualdades de género siguen siendo un factor determinante en la profundización de violaciones a los derechos humanos y en el deterioro de los resultados socioeconómicos, afectando de manera particular a mujeres, niñas y personas con diversidad de género. Incorporar esta perspectiva en la formulación de políticas públicas no es un asunto accesorio, sino una condición necesaria para avanzar hacia sociedades más justas. Ignorar estas dinámicas no solo incrementa los riesgos y vulnerabilidades, sino que perpetúa las brechas estructurales que históricamente han limitado el acceso a derechos.
Instrumentos internacionales como el Pacto Mundial para la Migración y la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes han subrayado la importancia de generar datos desagregados por sexo y edad. Esta información resulta clave para diseñar políticas más eficaces, asignar recursos de manera adecuada y comprender las desigualdades que atraviesan los procesos migratorios. Sin embargo, los datos por sí solos no bastan: es necesario complementarlos con análisis cualitativos que permitan entender la complejidad de las experiencias migratorias y las múltiples formas de discriminación que enfrentan las personas en movimiento.
En este contexto, la violencia de género en escenarios de movilidad humana representa uno de los desafíos más urgentes. La falta de servicios de prevención y atención en zonas fronterizas o de tránsito, así como la escasa capacitación de quienes brindan atención médica y psicosocial, limita la capacidad de respuesta institucional. A ello se suma que muchos programas existentes no están diseñados para atender las necesidades específicas de personas migrantes, particularmente de niñas y adolescentes, quienes enfrentan riesgos diferenciados como la violencia sexual o la trata con fines de explotación.
La ausencia de redes de apoyo agrava estas condiciones, incrementando la exposición a diversas formas de violencia. Frente a este panorama, resulta indispensable diseñar estrategias que reconozcan las particularidades de cada grupo, así como el impacto diferenciado de la violencia de género. No obstante, es importante destacar que, incluso en contextos adversos, las mujeres migrantes no son únicamente víctimas: son también agentes de cambio, sostén de sus familias y protagonistas en procesos de desarrollo. Fortalecer su organización y participación en espacios de toma de decisiones es, por tanto, un paso fundamental hacia soluciones más integrales.
En este marco, el reciente Panel sobre Migración, realizado como parte de los Lunes de Divulgación Científica 2026 por el Consejo de Ciencia y Academia de Michoacán A.C., se consolidó como un espacio relevante de análisis y diálogo. El encuentro reunió a representantes del ámbito gubernamental, académico y social, con el objetivo de intercambiar experiencias y construir propuestas orientadas a una gestión migratoria más segura, ordenada y con enfoque humanista.
La organización del panel estuvo encabezada por el Dr. Domingo Torres Lucio, la M. en C. Catalina Rosas Monge y el Arq. Francisco Martínez Manríquez, junto con integrantes del Consejo, quienes estructuraron un programa dinámico que permitió abordar diversas aristas del fenómeno migratorio. La participación de especialistas y actores clave enriqueció la discusión, aportando perspectivas desde la experiencia institucional, el activismo y el trabajo directo con comunidades migrantes.
Durante el desarrollo del panel se abordaron temas como los derechos políticos de las mexicanas en el exterior, los desafíos legales en contextos transnacionales, las problemáticas en servicios consulares y el llamado “limbo migratorio”. Asimismo, se incorporaron testimonios de líderes migrantes en Estados Unidos y de personas en procesos de retorno en Michoacán, lo que permitió aterrizar el análisis en experiencias concretas.
El espacio incluyó también una interacción activa con el público, mediante preguntas y reflexiones colectivas que contribuyeron a enriquecer el debate. Las conclusiones apuntaron a la necesidad de fortalecer la cooperación interinstitucional, mejorar los mecanismos de atención y, sobre todo, incorporar de manera transversal la perspectiva de género en todas las políticas migratorias.
En suma, este ejercicio evidenció que la migración no puede entenderse sin considerar las desigualdades que la atraviesan. Espacios como este panel permiten avanzar hacia una comprensión más integral del fenómeno y refuerzan la urgencia de construir respuestas que coloquen en el centro la dignidad y los derechos de las personas migrantes.