Una vez más, nuestro país ha entrado en una fase de defensa de la soberanía como no pasaba en décadas. Las fuerzas agresoras son prácticamente las mismas: un capital trasnacional con un rostro que unas veces es estadounidense y otras es europeo, incluso con aliados latinoamericanos, pero siempre, con el apoyo político de la ultraderecha internacional y nacional. Por eso, el mensaje ha sonado claro desde la Presidencia de la República y, también, desde el Congreso de Michoacán: la soberanía no se negocia, se defiende.
Hagamos un recuento de las últimas semanas. La madrugada del 19 de abril, un vehículo de la Fiscalía General de Chihuahua se desbarrancó y explotó en la sierra, luego de participar en el desmantelamiento de un llamado “narcolaboratorio”; el saldo, cuatro personas fallecidas, según informó el ahora exfiscal César Jaúregui, quien reveló que dos de los fallecidos eran agentes de la CIA.
Nada humano nos es ajeno y se lamenta el fallecimiento de estos elementos en el accidente, pero con esta declaración se evidenció que la Agencia Central de Inteligencia del gobierno de Estados Unidos estaba presente en territorio nacional, muy probablemente colaborando de manera directa con un gobierno subnacional, el gobierno panista de Chihuahua.
Las declaraciones que han venido después, desde la voz de funcionarios y funcionarias panistas de Chihuahua y de personajes innombrables de la oposición, además de contradictorias, de fondo muestran la existencia de un esquema de cooperación entre el gobierno de Estados Unidos y el gobierno de Chihuahua, a espaldas de la Federación, a espaldas del país y, sin duda, violentando la soberanía.
Menos de una semana después, el 23 de abril, durante un evento público en Sinaloa, el embajador estadounidense Ronald Johnson, también ex agente de operaciones especiales de la CIA, advirtió que habría avances en el combate a la corrupción contra funcionarios públicos, y el 29 de abril, la Corte del Distrito Sur de Nueva York envió y anunció públicamente la solicitud de detención urgente con fines de extradición del hoy gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, y otras nueve personas.
Esta acción también fue celebrada públicamente por Johnson y en ambos casos, la actuación de las autoridades estadounidenses rompió con la confidencialidad que establece el tratado internacional para este tipo de asuntos, en un hecho que carece de pruebas que sustenten plenamente la acción judicial y con un trasfondo más de orden político, como lo evidenció la presidenta Sheinbaum.
Y, como cereza del pastel, un medio internacional publicó un reportaje donde se asegura que la CIA realizó operaciones terrestres en Tecámac, Estado de México, aunque este hecho ha sido negado por autoridades de ambos países.
Por otro lado, a inicios de mayo, en una filtración de audios a medios internacionales, se reveló un supuesto plan orquestado por el ex presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, vinculado con los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Argentina, para desestabilizar a los gobiernos de México y Colombia mediante el financiamiento de la manipulación mediática en los países gobernados por proyectos de Izquierda.
Y, por si fuera poco, también en mayo, inició la malograda gira por México de la alcaldesa de Madrid, la derechista Isabel Díaz Ayusso, invitada por la ultraderecha mexicana para realizar diversos eventos, entre ellos, un homenaje al genocida e invasor Hernán Cortés, evento que finalmente fue cancelado. Solo se reunió con las gobernadoras y el gobernador panistas, y recibió las llaves de Aguascalientes en medio de protestas.
Ante esta escalada contra la soberanía del país, el mensaje de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha sido claro: “la soberanía no se negocia, la independencia se defiende diariamente y la relación entre naciones se construye desde el respeto y nunca desde la imposición”, como lo declaró en su mensaje del 11 de mayo.
Desde Michoacán, también se unió el llamado a la unidad y al respaldo a la presidenta Sheinbaum por parte de la presidenta de la Junta de Coordinación Política del Congreso de Michoacán, Fabiola Alanís, quien declaró en tribuna: “la soberanía nacional no es un discurso, se defiende cuando el gobierno actúa con dignidad ante amenazas extranjeras, se defiende cuando cerramos filas en la defensa de nuestro país”.
Y es que los tiempos no son para menos. Tenemos que dejar en claro que la soberanía no se negocia y debemos de contribuir a su fortalecimiento en sus diversas dimensiones, porque, sin duda, hoy estamos en escenarios de luchas históricas.