Año nuevo p’urépecha ceremonia de resistencia indígena

Los días 1 y 2 de febrero de cada año se celebra de manera itinerante el Año Nuevo P’urépecha. Esta celebración inicia en 1983, entre la creación de una tradición y la reivindicación de un pueblo originario. Es una reivindicación porque el proceso de colonización, además de apropiarse y explotar un territorio, consistió en destruir las instituciones y tradiciones de los que las habitaban para imponer las suyas, mermando enormemente su forma de vida, organización y conocimientos ancestrales.

El Año Nuevo P’urépecha es una expresión de la resistencia y de la autoafirmación de la etnia, tiene la intención de unir a los pueblos que la componen y de reivindicar su cultura y su identidad. Aunque se han cuestionado las razones por las cuales se dio inicio a esta celebración, es innegable que luego de 42 años se ha convertido en una ceremonia que hermana a las comunidades que componen la etnia purépecha.

Esta celebración consta de diferentes momentos. En primer lugar, durante la caminata del Fuego Viejo, el Kurhíkua (Fuego) es transportado del pueblo que lo albergó durante el año a la nueva sede; se lleva a pie pues caminar es reconocer y afirmar la relación inalienable con el territorio. Al llegar, el fuego es cuidado hasta que se duerme. Durante el día hay música, danza y, por supuesto, se comparte la comida.

En la tarde se realiza un desfile en el que cada comunidad participa bailando una danza de su pueblo acompañado de una orquesta y van compartiendo con el público algún objeto representativo de su comunidad, como artesanías o frutas. También se llevan este tipo de objetos para hacer trueque con otras comunidades.

Un elemento central de la celebración es la palabra, la transmisión oral de los conocimientos y saberes de una generación a otra reedifica la memoria colectiva. En la noche se practica el juego tradicional de la “pelota encendida” o Uarhakua Chanakua. En la madrugada del día 1° de febrero la ceremonia del encendido del Fuego Nuevo tiene lugar en el cenit de la constelación de Orión, encabezado por los mayores o Tata K’eriecha, que en una sociedad gerontocrática son los guardianes de la tradición, los que portan el Ts’iríkuarheta (bastón de mando) y los que definen la próxima sede. Con esta ceremonia se ha renovado el Kurhíkua (Fuego), se ha renovado el ciclo de la vida, todo vuelve a comenzar.

Un elemento imprescindible en la ceremonia es la bandera p’urépecha, la cual está compuesta de 4 colores que representan a cada una de las regiones purépechas: el violeta representa a Tsirhondarhu, La Ciénega de Zacapu; el azul celeste a Japondarhu, la región del Lago; El verde a P’ukumindu, región de La Sierra; y el oro a Eraxamani, la Cañada de los Once Pueblos. Como símbolo de libre determinación, con el puño izquierdo en alto, acompaña a la bandera p’urépecha la expresión ¡Juchári Uinápekua! (Nuestra Fuerza).

Es importante mencionar que, siendo una ceremonia de reivindicación y autoafirmación, no se permite en ella la participación de instituciones de gobierno ni la presencia oficial de funcionarios públicos, como tampoco se permite la presencia de representantes de la iglesia, que ha sido también una instancia aculturativa.

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