Legado de una mujer Presidenta
La llegada de una mujer a la presidencia de México marca un momento histórico profundamente simbólico y transformador. Por primera vez, una mujer ocupa el cargo más alto en el poder ejecutivo de una nación que durante más de dos siglos fue liderada exclusivamente por hombres. Este hecho no solo representa un cambio político, sino también un avance social y cultural, especialmente si se analiza desde la perspectiva de género y a través del lenguaje incluyente y no sexista.
El lema “Llegamos todas” encierra una poderosa declaración de principios: no se trata únicamente de que una mujer haya alcanzado el poder, sino que su victoria representa a millones de mujeres que han sido históricamente invisibilizadas, marginadas o excluidas de los espacios de toma de decisiones. Este mensaje busca dar voz a todas las mujeres mexicanas sin importar su origen étnico, clase social, orientación sexual o lugar de residencia.
Perspectiva de género
La perspectiva de género es una herramienta analítica que permite entender cómo las diferencias sociales entre hombres y mujeres se construyen culturalmente, y cómo estas diferencias generan desigualdades en diversos ámbitos: laboral, político, educativo, económico y familiar.
Una mujer presidenta que adopta una perspectiva de género puede contribuir a transformar las políticas públicas, asegurando que respondan también a las necesidades de las mujeres, quienes históricamente han sido dejadas de lado. Por ejemplo, podría priorizar temas como la erradicación de la violencia de género, la creación de redes de cuidado infantil, la paridad en todos los niveles de gobierno, el acceso equitativo a servicios de salud sexual y reproductiva, y la inclusión de mujeres indígenas, afrodescendientes, migrantes o con discapacidad.
En México, el número de gobernadoras ha sido bajo, pero ha aumentado en los últimos años gracias a la implementación de políticas de paridad de género y reformas constitucionales que fomentan la participación de las mujeres en política. En el 2021, México tenía 6 gobernadoras en funciones de un total de 32 estados.
La representación de mujeres en presidencias municipales también ha sido una de las áreas más desiguales, aunque se han dado avances gracias a las reformas electorales y a las leyes de paridad de género.
Avances
Durante su administración, la presidenta Claudia Sheinbaum ha implementado diversos programas sociales dirigidos específicamente a mujeres como son:
Pensión Mujeres Bienestar
Este programa ofrece un apoyo económico bimestral de 3,000 pesos a mujeres de 60 a 64 años, con un enfoque especial en comunidades indígenas y afromexicanas. Su objetivo es reconocer y valorar el trabajo no remunerado que muchas mujeres realizan en sus hogares y comunidades.
Vivienda para el Bienestar
La construcción de un millón de viviendas de bajo costo en seis años, con una inversión de 600,000 millones de pesos, prioriza a mujeres jefas de familia, madres solteras, jóvenes, población indígena, adultos mayores y personas con discapacidad.
Apoyo a Mujeres Indígenas
En diciembre de 2024, la presidenta Sheinbaum firmó decretos para restituir tierras al pueblo rarámuri en Chihuahua. Además, anunció programas de apoyo para las mujeres indígenas, incluyendo pensiones para las mayores de 60 a 64 años, becas para estudiantes de escuelas públicas y la contratación de personal médico para brindar atención en áreas indígenas.
Secretaría de las Mujeres
Se creó la Secretaría de las Mujeres, encabezada por Citlalli Hernández, con el objetivo de abordar problemas como los feminicidios, violaciones y discriminación.
Cartilla de Derechos de las Mujeres
Se anunció la distribución de una cartilla que detalla los derechos de las mujeres mexicanas, con el fin de que conozcan sus derechos y sepan cómo actuar en casos de violencia.
Lenguaje incluyente y no sexista
El lenguaje no es neutral: construye realidades y moldea nuestras formas de ver el mundo. El uso de lenguaje incluyente y no sexista es esencial para visibilizar a todas las personas, especialmente a quienes han sido tradicionalmente excluidas del discurso público. Decir “todas, todos y todes” o “las y los estudiantes” no es solo una cuestión de estilo, sino una acción política que reconoce la diversidad y promueve la igualdad.
Una presidenta que utiliza este tipo de lenguaje no solo está enviando un mensaje de inclusión, sino que también contribuye a desmantelar las estructuras simbólicas que perpetúan la desigualdad. Cambiar el lenguaje puede parecer un gesto pequeño, pero tiene un profundo impacto en la forma en que las personas se sienten reconocidas, representadas y valoradas.