Imagina que vives en una casa o departamento rentado en el centro de Morelia, apenas te alcanza porque eres una persona que gana el mínimo. De la nada, empiezas a ver extranjeros llegar, de todas partes del mundo, EEUU, China, Europa, y el casero te sube la renta al triple ya que una familia o pareja se mudaron a uno de los departamentos aledaños, pues “eso sube la plusvalía”
Imagina que, de por sí te alcanza apenas, le dices: “no podría pagarlo”, y te corre del mismo. Ahora vives en la periferia, ya sabes: Villas de Oriente, El Trébol, Villas del Pedregal. La renta es un poco más barata, pero ahora debes tomar cuatro combis a diario, una para llegar al periférico o alguna zona más pegada a la cabecera para ir al trabajo o a la escuela, ¡Qué lío, ¿no crees?!
Bueno, eso mismo pasa en CDMX y en Morelia, aunque todavía no se note tanto en la “ciudad de la cantera rosa”. Este fenómeno tiene un nombre: gentrificación, que es cuando los vecinos de una colonia se ven desplazados a otras partes de una misma ciudad o se ven relegados a otros municipios de su lugar de residencia o de trabajo, debido a que, ante la llegada de los “nómadas digitales” o pensionados de otros países, se quedan a vivir en México, llegando a las zonas más buenas de una ciudad, ya que pueden costear una renta que, para un connacional, es impagable.
Hace poco viajé a Oaxaca, un lugar hermoso, y por ello mismo atrajo la llegada de extranjeros para turistear o quedarse a vivir. Hablando con ciudadanos de ahí, y con conocidos que viajaban hace diez años o menos, expresaron que, justamente, los precios se volvieron abusivos de golpe. Ejemplos rápidos: un taxi te puede cobrar más de 500 pesos desde el aeropuerto, un caballito de mezcal cuesta 100 pesos cada uno, si vas a comer la cuenta mínima es de 300 pesos por persona, el kilo de café local vale casi 1000 pesos, y un largo etcétera. ¿Eso se puede costear con un sueldo mínimo?
La gentrificación no es un fenómeno que implica solamente el desplazamiento de la gente originaria de su ciudad, sino la pauperización de la clase trabajadora en detrimento del turismo, que la vida se haga impagable, no solamente la renta debido a que el edificio donde rentabas lo hicieron Airbnb, pues de ganar 4 mil pesos al mes, sin problema se puede cobrar dos mil pesos por noche en dicha habitación, siendo un negocio redondo, pero abusivo, y nosotros, los mexicanos, principalmente los de clase baja, somos los que más sufrimos.