La Feria Internacional de la Guitarra de Paracho, que celebrará su edición de 2025 del 2 al 10 de agosto, se erige como un faro cultural en la Meseta P’urhépecha.
Este evento anual no solo refrenda a Paracho como la “capital mundial de la guitarra”, sino que también funge como un vital motor económico y turístico, con una derrama proyectada de 60 millones de pesos que beneficiará a más de 400 lauderos locales, cuyo trabajo representa el 90% de la producción nacional de guitarras.
Organizada por el H. Ayuntamiento y la Fundación Cultural de la Guitarra A.C., la feria es un mosaico de actividades que celebran la identidad de la región. Los concursos de constructores e intérpretes de guitarra, con una bolsa acumulada de 580,000 pesos, son el corazón del evento, atrayendo talento de México, Italia, Colombia y Estados Unidos. Las exposiciones en la Casa de la Cultura y el Museo de la Guitarra ofrecen un viaje por la historia y la maestría artesanal, mientras el tianguis artesanal despliega la riqueza textil y juguetera de la zona.
Sin embargo, un análisis más profundo revela tensiones subyacentes entre la preservación de una herencia única y las presiones de la cultura de masas. Un punto crítico es el certamen de la “reina de Paracho”. Esta tradición, lejos de ser un mero concurso de belleza, parece reactivar un inconsciente colectivo anclado en modelos monárquicos representando la perpetuación de un arquetipo de poder y jerarquía que contrasta con la naturaleza colectiva de los pueblos originarios de la meseta Púrhépecha.
Por otro lado, la cartelera de conciertos en el Teatro del Pueblo, si bien es un gran atractivo popular, plantea interrogantes sobre el fomento de la cultura de masas. La programación, con artistas como Viento y Sol, Grupo Palomo, Banda Cuisillos y Maldita Vecindad, se inclina hacia propuestas de amplio consumo que, si bien garantizan la afluencia y el entretenimiento, corren el riesgo de opacar las expresiones musicales más auténticas y locales que la propia feria debería promover.
La Feria Internacional de la Guitarra de Paracho se encuentra en una encrucijada. Su éxito es innegable, pero es imperativo reflexionar sobre su rumbo.
¿Puede la feria ser un espacio que celebre a sus artesanos y su música sin sucumbir a las lógicas del espectáculo masivo, a la cultura de élites y a la reproducción de arquetipos sociales superados? El reto para los organizadores y para la propia comunidad de Paracho es reconfigurar su feria, no solo para que suene fuerte, sino para que la sonoridad de sus guitarras siga siendo auténtica y representativa del México profundo que se intenta reconstruir.