La oposición golpista contra la fuerza democrática

En el Zócalo de la Ciudad de México abarrotado y pleno, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo celebró 7 años de la transformación que puso en marcha su antecesor Andrés Manuel López Obrador. Desde el corazón palpitante de la vida pública en la República, el pueblo mexicano envió un mensaje contundente a la oposición dentro y fuera del país: el Gobierno de México e investidura presidencial siguen teniendo su fortaleza en la legitimidad social, ante lo cual está condenada al fracaso cualquier intentona golpista.

Desde hace un tiempo, la oligarquía con rostro empresarial, al ver que la oposición política se encuentra disminuida y desmoralizada, sin perfiles para dar batalla en la arena democrática, puso en marcha una estrategia de golpe de estado blando, con la idea de tomar por asalto el poder público.

Un “golpe de Estado blando” es la forma precisa de referirse a la “acción política no violenta” formulada por Gene Sharp en su libro De la dictadura a la democracia, el cual ha sido usado como una suerte de manual en levantamientos que han concluido con el derrocamiento de gobiernos, algunos con talante autoritario, pero otros de aliento progresista que han sido saboteados por no alinearse con los intereses de Estados Unidos o de los grupos fácticos neoliberales.

Para la oposición en México, el ejemplo “exitoso” de aplicación de la doctrina de Gene Sharp fue la revuelta que inició Gen Z en Nepal y que concluyó con la dimisión del gobierno, no sin violencia ni muertes civiles de por medio. Ahí, como en la mayoría de los casos, falló el postulado de “revolución sin violencia”, aunque se cumplió el objetivo de arrebatar el poder.

Cuando líderes como Ricardo Salinas Pliego convoca a la Generación Z -de la cual no se hablaba antes- a manifestarse, y pone como ejemplo a Nepal, su llamado es a la violencia hasta derrocar al gobierno de Sheinbaum, por ello los manifestantes en el Zócalo iban con la intención de enfrentar a las fuerzas del orden, y escalar la violencia para colocar al Estado en la posición de opresor.

Aunque la manifestación de la mal llamada generación fracasó, la estrategia de golpe blando sigue en curso, con el encumbramiento de mártires simbólicos como Carlos Manzo, protestas de supuestos sectores vulnerables como los agroindustriales, transportistas y los que se acumulen en las coyunturas. El propósito es crear la percepción de una crisis de gobernabilidad creciente y persistente, y así justificar las solicitudes de que Estados Unidos Intervenga en nuestro país para “restaurar el orden democrático”.

La estrategia de la oposición es permanente, por lo que es un imperativo de los gobiernos y fuerzas políticas de la cuarta transformación no bajar la guardia, antes bien, deben restablecer la relación con sectores sociales que a veces parecen al margen de la participación política y democrática: jóvenes, sindicatos, cooperativas, campesinos y organizaciones civiles.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio