En México el tema migratorio es muy complejo, al desarrollarse en él diversos tipos o flujos migratorios como son: la migración de origen, tránsito, destino y retorno. Según información de la Organización Internacional para la Migraciones (OIM), el corredor migratorio México-Estados Unidos es el más transitado del mundo, al ser el vecino país del norte el principal destino de la migración mundial actualmente.
El año 2023 se caracterizó por dinámicas migratorias complejas y de rápida evolución en México y en el hemisferio. Se registró el mayor número de entradas regulares al país en la historia con cerca de 44 millones de personas, un aumento del 132% desde el año 2020. En el caso del número de migrantes en situación irregu-lar que salen, llegan, transitan y permanecen en México (ya sea temporal o permanentemente) se alcanzaron niveles nunca antes vistos en 2023, después de lo que ya fueron años récord en 2021 y 2022.
Entre estos flujos se encuentran un gran número de mujeres (incluidas mujeres embarazadas y lactantes), niños/as (incluidos los no acompañados y separados), miembros de pueblos indígenas, personas que viven con discapacidades y enfermedades crónicas, personas LGBTQ+ y otras poblaciones en situaciones complejas de vulnerabilidad.
Actualmente conocemos que las principales causas por las que migran las personas son: reunirse con la familia 36.5%, buscar trabajo 16.4% y cambio u oferta de trabajo 12.4%. Un dato importante es que el género masculino migra más en edades de trabajar que el género feme-nino. Asimismo, la población que emigra a otros países lo hace principalmente entre los 18 y 29 años, siguiendo los adultos de 30 y 44 años, siendo el porcentaje muy menor en personas de 65 años y más.
De enero a abril de 2021, el 97% de los eventos de personas en situación migratoria irregular detectados en México correspondieron a nacionales de Centroamérica, principalmente El Salvador, Guatemala y Honduras. En el último trimestre de 2023, esta proporción había disminuido a solo 28% del número total de eventos.
Paralelamente, los niveles de migración desde América del Sur pasaron de ser el 1% de todos los eventos en el primer trimestre de 2021 al 44% en el último trimestre de 2023, una diferencia de 43 puntos porcentuales. Este cambio fue impulsado principalmente por un aumento en la migración de nacionales de Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú y Brasil, la mayoría ingresando por tierra a través de la frontera sur de México. Los altos índices de migración irregular que se presentan en México (tanto de personas extranjeras en tránsito a Estados Unidos de América como de mexicanos que aspiran llegar y vivir en ese país) hacen necesaria una aproximación al tema migratorio que parta de la generación de una política pública que contemple la complejidad de la situación, la responsabili-dad compartida de los países en nuestra región, pero, sobre todo, que tenga como base a los derechos humanos y el concepto de seguridad humana, entendida ésta como la seguridad de las personas en sus vidas cotidianas, que se alcanza no mediante la defensa militar de las fronteras de un país, sino con la con-secución del pleno respeto a sus derechos humanos, garantizando su desarrollo personal, a la satisfacción de sus necesidades básicas y la participación en la comunidad de forma libre y segura.
La seguridad humana significa proteger las libertades fun-damentales, aquellas que son la esencia de la vida. Significa proteger a las personas de situaciones y amenazas críticas, utilizando procesos que se basen en las fortalezas y aspiraciones de las personas. Significa crear sistemas políticos, sociales, medioambientales, económicos y culturales que, de forma conjunta, aporten a las personas los fundamentos para la supervi-vencia, el sustento y la dignidad, en caso concreto, el pleno respeto en el ejercicio de sus derechos humanos.
Por otro lado, es importante hacer mención e incluir el tema desde la perspectiva de derechos humanos, que la migración transfronteriza (México-Estados Unidos y México-Centroamérica) se cataloga como un fenómeno regional, de tal modo que la condición binacional y bi-cultural por un lado, y el carác-ter fronterizo por el otro, son rasgos distintivos de las familias y/o personas transfronterizas. El Suchiate y el Río Bravo dividen países que comparten historia y cultura en común.