Considerado como una belleza y una maravilla natural, el Volcán Paricutín nació a las 17:30 horas del 20 de febrero de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. El volcán surgió en el municipio de San Juan Parangaricutiro, concretamente en el valle de Cuitzyutziro ubicado en la tenencia de San Salvador Combutzio o Paricutín, de donde toma su nombre. El valle era un lugar de labranza por lo que el campesino Dionisio Pulido fue testigo del nacimiento del volcán. Hay dos maneras de abordar este tema, desde el punto de vista geológico y desde el punto de vista sociocultural.
Desde el punto de vista geológico, el Volcán Paricutín forma parte del Cinturón de Fuego o Anillo de Fuego, que es una franja que recorre todo el perímetro del Oceano Pacíflco, desde Nueva Zelanda hasta Argentina. En México a esta zona volcánica se le conoce como la Faja Volcánica Transmexicana y de manera específlca el Volcán Paricutín está en el Campo Volcánico Michoacán-Guanajuato que tiene volcanes monogenéticos, es decir, volcanes que entran en erupción una sola vez. Este evento geológico duró 9 años, de 1943 a 1952, dando oportunidad de estudiar un volcán de principio a fin por primera vez en la historia.
Desde el punto de vista sociocultural el Volcán Paricutín implicó el desplazamiento forzado de dos comunidades indígenas u originarias de la etnia purépecha, San juan Parangaricutiro y Paricutín, así como afectaciones en otras comunidades aledañas. Un desplazamiento forzado es un movimiento migratorio derivado de situaciones de violencia o desastre, que impide la permanencia en el territorio en el que ocurre. Los fenómenos migratorios, individuales o colectivos, implican una ruptura con el lugar de origen y fragmentan a las comunidades. Para Paricutín el traslado fue temprano al estar más cerca del volcán y desde entonces es tenencia de uruapan, pero para San Juan la agonía fue más larga.
Para la población de la región purépecha, independientemente de las explicaciones dadas por los geólogos, el origen del volcán es religioso. Entre la devoción al Señor de los Milagros de San Juan y el anticlericalismo de Paricutín,creció la idea de que el volcán era un castigo por sus pecados. La Sierra Purépecha se llenó de súplicas y rezos buscando la misericordia divina para que el castigo cesara. Por esa razón, la población de San Juan tenía la esperanza de que el cristo milagroso les permitiera permanecer en su pueblo pues su historia, su vida y su identidad es inseparable de su territorio y del santuario como lugar de culto del cristo moreno. Cada intento de llevar la imagen religiosa a otro lugar alimentó la idea de que la falta de fe en él era lo que les condenaba.
Las recomendaciones hechas por los científicos y políticos para dejar el pueblo eran tomadas con desconfianza por los sanjuanenses pues los asociaban con la represión que sufrieron como cristeros, por ello, los encargados de acompañarlos en esta pena eran principalmente los sacerdotes. Sin embargo, la catástrofe medioambiental de un pueblo campesino fue mermando día a día sus esperanzas. La señal inequívoca de que la voluntad de Dios era que se trasladaran a un nuevo asentamiento fue cuando la lava alcanzó la iglesia e iniciaron una dolorosa caminata hacia su nuevo destino encabezada por la imagen.
El 12 de mayo de 1944 llegaron al lugar llamado Ahuanitzaro o Exhacienda Los Conejos, en donde levantaron nuevamente sus hogares y el santuario. A pesar de la oposición de sus pobladores, el 7 de agosto de ese año el Congreso del Estado disolvió el municipio de Parangaricutiro y le nombró tenencia de Uruapan, recuperando su estatus el 17 de agosto de 1950 pero con la enajenación dolorosa del “fundo legal del pueblo de indios”o “tierras por razón de pueblo”, en donde descansan sus antepasados. Cabe agregar que cuando visitas las ruinas del pueblo viejo, da la impresión de que verdaderamente el templo detuvo el avance de la lava volcánica.