En las ciencias sociales prevalecen las ideologías vinculadas a las relaciones de poder, por eso, no es casual que las clases dominantes promuevan narrativas que pretenden ignorar o subestimar el papel de las mujeres en la historia y en la prehistoria, pero ¿y si las mujeres “…hubieran pintado en la cueva de Atapuerca, cazado bisontes, tallado herramientas?” Pregunta Marylène Patou-Mathis.
En el capitalismo actual, después de largas luchas por la justicia y la democracia, junto a los hombres, desde las milenarias sociedades esclavistas y feudales persiste la violencia de su sometimiento político, sexual, físico, intelectual, ideológico y espiritual por parte de los hombres.
Sin embargo, en la actual crisis del modelo neoliberal que evidencia una crisis más profunda del sistema capitalista y de toda la civilización por la imposibilidad de seguir creciendo al modo capitalista porque el planeta ya no da para eso, hay un proceso de cambio histórico en el que la insurgencia de miles de mujeres que han luchado por siglos por su emancipación, emerge con fuerza en el hemisferio occidental con su papel central en todos los ámbitos de la vida social y que es determinante en la búsqueda y construcción de una nueva sociedad, la cual no podrá ser de corte capitalista sino una sociedad de los iguales y en armonía con el entorno natural.
Como todo proceso de cambio profundo, éste no será terso, inmediato y general, pero, en los espacios de avanzada, ya está presente el poder femenino, en medio de las resistencias previsibles de las clases y sectores que se sienten desplazados.
En ese marco, no son las mujeres en general las llamadas a estar en el primer lugar de esta larga lucha porque algunas de ellas que estuvieron en el poder en México y en el mundo practicaron las políticas machistas y patriarcales.
De ahí que la experiencia mexicana de Claudia Sheinbaum en la Presidencia de la República se haya constituido en una figura de gran impacto e influencia mundial, haciendo respetar en todos los espacios políticos y de poder no sólo a México sino al poder femenino que encabeza.
Los vientos de cambio están llegando a espacios conservadores y excluyentes de las mujeres y por primera vez en la Historia del Vaticano se ha nombrado a una mujer, la monja Simona Brambilla, quien dirigirá una de las principales instituciones religiosas en el corazón de esa iglesia dominada siempre por los hombres.
En la nueva sociedad a construir, queremos que la tecnología sirva al pueblo; se termine la explotación y opresión de una clase sobre las demás; el Estado sea instrumento de justicia para tod@s; la ideología sea para la liberación no para el sometimiento; las relaciones de poder sean democráticas —el poder del pueblo—; la revolución de las conciencias combata la alienación en todos los ámbitos; se practique la perspectiva de género transversalmente en el Estado y en la sociedad; se construyan relaciones interculturales de diálogo y cooperación de las culturas y se avance hacia la sociedad sostenible y del buen vivir con el derecho a la felicidad para todos. Para alcanzar esa sociedad es indispensable la participación femenina en todos los espacios de decisión, familiares, comunitarios, ciudadanos y los poderes del Estado (gobierno, partidos, etc.).
Por lo anterior, la lucha por la emancipación femenina es nuestra trinchera y por eso levantamos con toda decisión nuestra consigna: ¡Es tiempo de mujeres!