Violencia estética y sexismo encubierto en la IA

Desde el año 2022 se han generado más de 15 mil millones de imágenes mediante algoritmos de texto a imagen como DALL-E, Midjourney y Stable Diffusion. Actualmente, estas tecnologías producen cerca de 34 millones de imágenes al día que, lejos de ser neutras, reflejan —y refuerzan— los sesgos socioculturales presentes en los datos con los que fueron entrenadas, pues la Inteligencia Artificial (IA) no genera imágenes por ella misma, lo hace alimentada por información que los seres humanos le facilitamos.

Por ello, vale la pena preguntarnos cómo repercute eso en la forma como la IA representa a las mujeres y sus cuerpos: un análisis de The Washington Post y Le Monde ha evidenciado que las imágenes de “mujeres hermosas” generadas por algoritmos suelen mostrar figuras jóvenes, delgadas, de piel clara y rasgos simétricos. Estas representaciones no solo carecen de diversidad étnica y corporal, también perpetúan la normativa estética neoliberal.

Cuando se solicita a los sistemas de IA que en lugar de elaborar la imagen de una “mujer bella” reproduzca la de una “mujer normal”, los resultados siguen mostrando los mismos parámetros del primer caso, lo que da cuenta del sesgo estructural con el que operan.

Este fenómeno es abordado por la teoría feminista bajo la tipología de violencia estética, entendida como una forma de violencia simbólica que impone modelos de belleza normativos e inalcanzables, afectando de manera particular a las mujeres. Un caso ilustrativo puede observarse en el portafolio de imágenes de Sora, donde Leonardo Di Caprio (Jack) aparece visiblemente viejo y mecanizado, con un rostro adusto, mientras que Kate Winslet (Rose) es representada sin signos de cansancio o frialdad, congelada en su juventud.

Este contraste no es azaroso, pues comunica un mensaje cultural potente: los hombres pueden envejecer y, con ello, adquirir autoridad, los años les suman experiencia y sabiduría; las mujeres, en cambio, no tienen ese derecho, al envejecer son consideradas feas, además, pierden su capacidad para reproducir capital simbólico (descendencia), por lo tanto, pierden gran parte de su valor, limitándose este a su capacidad de cuidar.

Si vamos más lejos en nuestro ejemplo, el rostro parcialmente robótico de Jack y su cuerpo de máquina trasmite un tipo de deshumanización masculina ganada con el paso del tiempo. Es una masculinidad fría, dura, mecánica, carente de calidez, también una vinculación estrecha con el avance tecnológico, algo poco deseable en una mujer, a quien se le sigue pidiendo dulzura y empatía, mientras se le reprochan las expresiones de enojo y decisión calculada, a la par de ser castigada económicamente si incursiona en disciplinas dominadas por los hombres.

Para muestra de lo anterior, revisemos la información arrojada por el INVDES en su sitio web: las mujeres científicas en México perciben 12 mil 314 pesos mensuales en promedio, mientras que un hombre en la misma área percibe 15 mil 866 pesos: una diferencia de 3 mil 552 pesos.

Según datos del ciclo escolar 2021-2022, las mujeres representaron el 16.5 % de los egresados en Ingeniería en Computación y el 16.8 % en Ingeniería Mecatrónica, que incluye áreas relacionadas con la robótica.

La IA, sin duda, facilita el trabajo y el estudio, pero también refleja lo peor de nosotros. Su supuesta neutralidad técnica encubre la reproducción de jerarquías de género, edad, raza y clase. Por ello, resulta urgente avanzar hacia una inteligencia artificial humanista, que revise críticamente sus bases de datos, los algoritmos de ponderación y los criterios estéticos aplicados.

En un país como México, donde el debate sobre la igualdad de género ha avanzado gracias a la incidencia de los movimientos sociales, la agenda digital no puede quedar fuera de este impulso transformador.

Tribuna Ciudadana, como espacio comprometido con la justicia social, no duda en visibilizar cómo los dispositivos tecnológicos también pueden ser herramientas de opresión simbólica, ya que democratizar la tecnología no se limita a ampliar el acceso a los dispositivos, pasa también por democratizar los imaginarios que reproduce.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio