Tres temas han marcado la convulsa coyuntura de las relaciones de México con el vecino del norte: 1) Migración, 2) Violencia y 3) Comercio.
La migración llega al punto más álgido de varias décadas con las redadas de migrantes que provocaron un gran conflicto social en Los Ángeles, ciudad binacional que cuenta con más de un millón doscientos mil migrantes mexicanos, miles de ellos indocumentados. El conflicto ha escalado a otras ciudades de ese país, especialmente en estados gobernados por demócratas y que han sido declarados santuarios donde son bienvenidos quienes sólo buscan vivir y trabajar en paz, y cubrir sus derechos y obligaciones sociales.
Donald Trump ha mostrado su peor cara al insultar sin medida a la población migrante de la que su propia familia ha sido parte. Recientemente, el canciller de Alemania le mostró en la Casa Blanca los documentos que acreditan a sus ancestros como ciudadanos alemanes.
Estamos entonces ante una política racista y de ignorancia evidente sobre el papel determinante que juega la población migrante para el desarrollo de esa nación. Los consulados de México en decenas de ciudades en ese país tienen el enorme desafío de apoyar incondicionalmente a nuestros paisanos para evitar el trato salvaje que acostumbran dar a nuestra gente las autoridades migratorias, arrancando instantáneamente de sus hogares y trabajos a quienes “no tienen papeles”, obligándoles a abandonar a su familia y bienes sin contemplación alguna. Tenemos amigos y familiares que ya pasaron por eso y se trata de aberraciones que no pueden llamarse humanas.
Sobre el tema de la violencia generada por el crimen organizado a ambos lados de la frontera, dado el permanente negocio de las drogas, algunas especialmente letales como el fentanilo, el Gobierno de México ha cumplido su parte como lo han reconocido las propias autoridades de EEUU; sin embargo, la Suprema Corte de ese país se ha negado a juzgar y sancionar a las empresas armamentistas que envían miles de millones de dólares en armas a México para surtir a los grupos criminales, tal como lo reconoció el Departamento del Tesoro. Llegaron al descaro de convenir con los pasados gobiernos neoliberales corruptos la llamada operación Rápido y furioso que surtía abiertamente de armas a los cárteles en México. El atropello más reciente fue el secuestro del Mayo Zambada por parte de EEUU sin informar a nuestro país.
En el caso del comercio bilateral, se suponía que el TMEC que regula el comercio entre México, EEUU y Canadá sería el marco para resolver toda controversia; sin embargo, en abierta violación del mismo, Trump impuso aranceles que violentan radicalmente el comercio trinacional afectando incluso a las grandes empresas estadounidenses de las ramas automotriz, del acero y de aluminio. El último anuncio sobre la aplicación del 50% de aranceles a esos metales, hace inviable ya el comercio en esas ramas vitales.
El daño que producen los aranceles de Trump a la propia economía de su país ha generado, junto con el tema migratorio, una convulsión política que hace insostenible la gobernabilidad y lo lleva a practicar políticas erráticas en diversos frentes. En su guerra comercial con China, ha tenido que dar marcha atrás al entender que ambas economías están tan entrelazadas que no admiten desplantes viscerales como los que acostumbra aplicar Trump al pretender imponer aranceles exorbitantes a ese país. Los efectos se sintieron de inmediato y tuvo que disminuirlos radicalmente o cancelarlos.
Frente a los tres temas señalados, el Gobierno de México que encabeza la Presidenta Claudia Sheinbaum plantea un solo camino: poner por delante de todo diálogo y negociación el respeto irrestricto a nuestra Soberanía Nacional; este principio se defiende en los hechos, sin incurrir en acciones violentas ni con aspavientos declarativos.
En resumen sobre los tres temas, ni EEUU ha expulsado de ese país a los millones de mexicanos indocumentados como amenazaba Trump al iniciar su gobierno, ni México ha permitido que ingresen fuerzas armadas a este país con el pretexto de perseguir a los delincuentes, ni la violación del TMEC con los aranceles de Trump encuentran a México postrado; al revés, ahora hay un escenario más favorable para que la economía mexicana se vincule con los países BRICS y otros, ejerciendo su soberanía y priorizando los intereses nacionales.
La fortaleza de la economía mexicana y el apoyo de la gran mayoría del Pueblo de México a su gobierno, le dan a la Presidenta toda las condiciones para negociar de tú a tú con los países del G-7 y con el Presidente Trump en las entrevistas que tendrán en los próximos días.
Los tres asuntos críticos que atraviesan las relaciones con EEUU, tienen un solo camino de salida y ya lo ha dejado claro la Presidenta Claudia: el ejercicio pleno de la soberanía nacional desde la cual se puede y se debe hablar de respeto.