Donde quiera que vayan, no se rindan

La voz de Verónica Márquez Ponce, migrante Michoacana desde San Diego

San Diego, California. Desde una pequeña sala adornada con imágenes de la Virgen de Guadalupe y fotografías familiares, Verónica Márquez Ponce, originaria de Morelia, Michoacán, nos recibe con una calidez que resiste al frío clima político que atraviesan los migrantes en Estados Unidos. Ocho años han pasado desde que dejó México, y aunque su vida en esta ciudad californiana ha sido en general buena y agradable, confiesa que hoy se vive un ambiente distinto: más tenso, más hostil, más temeroso.

“La política migratoria ha generado mucho miedo”, nos dice con voz serena pero firme. “Hay negocios que cerraron, calles vacías donde antes se sentía la vida. Ya no salimos como antes… la gente tiene miedo de ser atrapada por las autoridades migratorias”.

La conversación fluye con honestidad. Verónica nos comparte que en su familia ya han tomado decisiones difíciles, las redadas migratorias han impactado su cotidianidad.

“Antes íbamos a eventos latinos, donde nos sentíamos parte de una comunidad. Hoy preferimos no asistir por temor”, relata. Y si llega el día en que las amenazas se vuelvan realidad, su decisión está tomada: “nos vamos juntos, como familia, de regreso a México. Confiamos en que nuestro país está preparado para recibirnos”.

Pero su visión sobre México no está cargada de tristeza ni de resignación, sino de una esperanza profunda: “México siempre lucha, siempre ayuda. Está lleno de bondad”, asegura.

La charla da un giro hacia la política. Verónica reflexiona sobre el voto latino en Estados Unidos, particularmente en torno al 45% que favoreció a Donald Trump. “Muchos votaron con opiniones divididas”, comenta. En su caso, decidió por una opción política que, según sus palabras, defendía principios provida, valores familiares y una visión moral alineada con la Biblia. No lo dice con afán de confrontar, sino como parte de su derecho a elegir lo que cree correcto.

Antes de concluir, Verónica se toma un momento para hablarle directamente a sus hermanos migrantes. Su voz se quiebra ligeramente, pero su mensaje es fuerte: “a quienes han sido detenidos, a quienes están en condiciones precarias, les digo: no olviden quiénes son. Su identidad no es un país, no es una frontera. Es su historia, su lucha”.

Su mirada se pierde un instante, pero vuelve al presente con determinación. “Quizá los cambios no se entienden en el momento, pero pueden ser para bien. No se rindan. Somos personas perseverantes, trabajadoras, solidarias. La tierra es extensa. No limiten sus sueños”.

La entrevista termina como empezó: con gratitud. “Gracias a Tribuna Ciudadana por darnos voz. ¡Saludos, saludos a todos los migrantes!”. Y con esa despedida, Verónica Márquez deja claro que, aunque lejos de casa, el corazón migrante sigue latiendo con fuerza, esperanza y dignidad.

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