La locura dirige a EEUU con el Presidente más desquiciado de su historia. Lo más parecido a su modo de gobernar es lo que hacían hace casi dos milenios Calígula y Nerón en la Roma antigua; pero, este señor llegó a destiempo. El imperio norteamericano se desliza rápidamente hacia la pérdida del poder que desplegó por más de un siglo heredando el dominio británico del mundo.
Si las dos grandes guerras mundiales del siglo XX sirvieron a EEUU para obtener las grandes ganancias de riqueza y poder que lo encumbraron como nunca en la segunda mitad del siglo XX y le dieron en la posguerra el control de económico y político sobre más de 100 países en medio de su confrontación con el campo socialista encabezado por la Unión Soviética, el declive que hoy vive se presenta con el agotamiento de una forma imperial de dirigirse al mundo y con un fracasado esfuerzo por hacer grande a ese país otra vez, en la voz de Trump.
Increíble, pero, cierto: trata a sus vecinos que han sido parte importante de su prosperidad, Canadá y México, con el desprecio de un hacendado hacia sus peones, o sea, se da un balazo en el pie como lo hace también con decenas de países en los que las empresas e intereses de Washington han obtenido inmensas ganancias.
En el caso de México, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha agotado toda la paciencia que se ha requerido para mantener la cabeza fría en las absurdas condiciones que ha generado la administración Trump en los prioritarios temas de la migración, la seguridad y el comercio.
En estos días, sus fanfarronerías lo llevaron a declarar que ambos países, México y Canadá hacen lo que EEUU -o sea él- dicen. Eso obligó a nuestra Presidenta a recordar con toda la energía y dignidad que tenemos en este país, que aquí sólo manda el pueblo.
Mejor que lo entiendan, el tiempo de las colonias ya se fue. México se levantó con tres revoluciones y vamos por la cuarta. Mejor que se ocupen de su crisis actual.
Vienen tiempos mejores. Nadie va a extrañar a este imperio decadente y caótico cuando sea uno más de los espacios en los que la gente de bien convive y progresa con justicia y cordura.