La autonomía no sólo es un derecho, es una forma de vida

Entrevista con Héctor de Jesús Cipriano, estudiante del séptimo semestre de Ciencia Política y Administración Pública en la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM), originario de la comunidad de Puácuaro, municipio de Erongarícuaro, Michoacán.

Cuando muchos piensan que el ocaso llega con los años, Héctor de Jesús Cipriano, de 61 años, demuestra lo contrario. Estudiante del sexto semestre en la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM), combina su experiencia de vida comunitaria con la formación académica para reflexionar sobre el sentido profundo del presupuesto directo y el autogobierno en las comunidades originarias. Para él, el camino de la siembra, de ideas, de valores y de futuro, aún es largo y está lleno de esperanza.

La Universidad Intercultural Indígena de Michoacán, ubicada en la Meseta Purépecha, se ha convertido en un espacio de encuentro entre el conocimiento tradicional y el pensamiento crítico contemporáneo. En sus aulas confluyen jóvenes, hombres y mujeres de distintas comunidades, quienes reflexionan sobre la historia, la política y los procesos de autonomía que hoy transforman a los pueblos originarios. Desde ese entorno, Héctor comparte su visión sobre el significado y los desafíos de este nuevo tiempo para las comunidades.

¿Héctor, desde tu perspectiva como estudiante universitario e integrante de una comunidad, ¿qué significa para ti el presupuesto directo?

El presupuesto directo no es sólo un recurso económico; es un acto de reconocimiento y de dignidad. Durante mucho tiempo, los pueblos originarios fuimos vistos como incapaces de decidir sobre nuestro propio desarrollo. Hoy, el hecho de que los recursos lleguen directamente a las comunidades significa que el Estado empieza a reconocer nuestra capacidad de organización y de gobierno. Pero más allá de lo político, el presupuesto directo tiene un valor moral y simbólico: nos devuelve la voz y la posibilidad de construir el bienestar desde nuestra propia forma de vida.

¿Cómo entiendes el autogobierno en este contexto?

El autogobierno es la expresión viva de la autonomía. No se trata de copiar los modelos del Estado, sino de fortalecer nuestras formas tradicionales: la asamblea, los cargos, el servicio, el respeto a la palabra. En la universidad estudiamos las teorías del poder y la administración pública, pero en la comunidad aprendemos que el verdadero gobierno está en el consenso y en la responsabilidad compartida. Gobernar no es mandar, es servir con humildad y rendir cuentas.

¿Desde tu formación política, ¿qué retos identificas para las comunidades que ejercen presupuesto directo?

Hay retos grandes. El primero es comprender y traducir las normas del gobierno sin perder el sentido comunitario. Muchas veces las reglas están pensadas para instituciones burocráticas, no para pueblos con otras dinámicas y tiempos. Otro reto es mantener la unidad interna: cuando llega el dinero, surgen diferencias o intereses personales. Pero el mayor desafío es formar nuevas generaciones que entiendan la autonomía no sólo como un derecho, sino como una forma ética de vivir en comunidad.

¿Qué papel juega la universidad en este proceso?

La Universidad Intercultural tiene una misión importante: formar profesionistas con raíz comunitaria. Aquí no se trata de alejarse del pueblo, sino de regresar con más herramientas para fortalecerlo. En mi caso, estudiar Ciencia Política y Administración Pública me ha permitido entender los procesos desde dentro, pero también reafirmar lo que ya sabía por experiencia: que la comunidad tiene su propia sabiduría. La universidad nos enseña a dialogar entre esos dos mundos, el académico y el comunitario, sin que uno borre al otro.

¿Qué sentido tiene para ti “respetar a la comunidad”?

Respetar a la comunidad es reconocer que la vida tiene valor en lo colectivo. Significa cuidar los acuerdos, cumplir con los cargos, escuchar a todos, desde el niño hasta el más anciano. También es respetar la tierra, el lago, los árboles, porque son parte de nuestra existencia. Cuando uno actúa con respeto, la comunidad florece; cuando se pierde ese respeto, la comunidad se divide. Por eso el respeto no es sólo una norma, es una forma de mantener la armonía.

¿Y qué mensaje te gustaría enviar a quienes lean tus palabras?

Les diría que la autonomía no sólo es un derecho, es una forma de vida. No basta con exigirla, hay que vivirla todos los días: en la honestidad, en la cooperación, en la solidaridad. A veces se piensa que los pueblos originarios queremos aislarnos, pero no es así; queremos convivir en igualdad, sin perder nuestra identidad. A quienes lean esto les diría que el futuro se construye con esperanza y con raíces, y que nunca es tarde para aprender, servir y sembrar, porque la siembra más importante es la que se hace en el corazón de la comunidad.

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