El 3 de enero del 2026 todo el mundo despertó con una noticia estremecedora: EUA bombardeó Venezuela y Nicolás Maduro fue capturado, o más bien secuestrado, por las fuerzas imperealistas yankees. La noticia es particularmente confusa: ¿Un bombardeo?, ¿Maduro capturado? Seguramente era una mentira de Trump para llamar la atención del mundo… pues no. Corren imágenes, luego videos, la noticia es cierta: Nicolás Maduro se encuentra en un avión militar con destino a Nueva York para ser juzgado por los crímenes que EUA le imputa.
Los más insensibles y despolitizados celebran, otros repudian la acción, unos no le ven problema al asunto de Maduro, pero se preocupan por los bombardeos. La izquierda con más conciencia lo ve claro: es el horror absoluto. Nunca se había visto antes que un país extranjero entrara y se llevara por la fuerza a un Jefe de Estado, mientras tanto, el magnate del norte anda campante, sin sanciones y solo con algunas condenas menores de algunos países europeos.
Sería solamente cuestión tiempo que EUA, si no puede poner “por las buenas” a sus gobernantes títeres (como Milei en Argentina o Noboa en Ecuador), lo hará con la fuerza de las armas, con supuestos delitos de narcotráfico, terrorismo o lavado de dinero. En realidad no necesitan una excusa, porque el cinismo de Washington llegó a tal punto de que días antes del bombardeo de Caracas Trump dijo directamente “vamos por el petróleo”.
Es un retroceso muy serio al derecho internacional y a la soberanía de los países de América Latina, quienes sí pegaron el grito en el cielo por lo ocurrido, puesto que Venezuela es el laboratorio de lo quieren hacer en los demás países que no se rigen por la doctrina Monroe (toda América para los estadounidenses), la cual se empeña en quitar a esos gobernantes incómodos para el imperio por las malas o por las peores.
Es particularmente preocupante, ya que los gobiernos progresistas han tenido varios roces con el mandatario yankee, siendo un absoluto bravucón al amenazar con cárcel al presidente de Colombia Gustavo Petro. ¿Cárcel por qué?, ¿por no doblarse ante las locuras de un autoritario que se presume tener nexos con los famosos documentos Epstein?
Siendo claros, a Trump y a sus cercanos no les interesa “salvar” a Venezuela, no les interesa “democratizar” ese país y ningún otro, pues no respetan la democracia ni del suyo. En esta disputa por la hegemonía mundial, lo que importa es el petróleo y otras riquezas minerales del suelo venezolano.
Porque, vamos, los medio hegemónicos venden el cuento de que a Trump le preocupa mucho el pueblo venezolano y la democracia en ese país, pero ¿por qué no se preocupa por la democracia, derechos humanos y el bienestar de los ciudadanos de Guinea Ecuatorial, Arabia Saudita, Qatar, etc.? ¿Será porque son contrarios a sus designios?
Es bueno saber que la juventud bolivariana de Venezuela está despierta, politizada y consciente del proceso por el que pasa Venezuela en este momento. Ante el secuestro de Maduro ya se daba por liquidado el gobierno bolivariano, María Corina Machado ya se saboreaba la presidencia de Venezuela, pero no.
Muy contrario a lo que nos quiere hacer ver la prensa pro MAGA, los venezolanos no celebraron la intervención ocurrida, no salieron a las calles para pedir el regreso de Corina Machado, ni del desarticulamiento del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), porque saben las consecuencias negativas de una intervención norteamericana. De ahí se aprende la lección de que, aunque se corte la cabeza, emergerán otras más fuertes, siendo necesario que la juventud sea una de esa: somos el grueso de la población, somos los que tenemos la fuerza para llevar los procesos revolucionarios, los que seremos ese relevo. El conocimiento no se va, pero las energías y cuadros experimentados sí tienen un periodo finito en la participación activa revolucionaria, así que una vez formados los cuadros jóvenes del partido, como los del PSUV que son de primer nivel, la revolución queda en buenas manos, eso lo pude comprobar yo mismo cuando asistí al XV Seminario del Proceso Bolivariano organizado por la embajada de Venezuela en México.
La juventud bolivariana da ejemplo de formación partidaria, de disciplina y de politización, siendo algo palpable en sus liderazgos, quienes saben cómo y por qué surge el proceso bolivariano, pero sobre todo a dónde va y cómo debe funcionar. Sin duda alguna, la juventud de MORENA tiene mucho que aprender de los compañeros venezolanos.