La reforma electoral en México surge como respuesta a una historia de exclusión política por los gobiernos neoliberales que consolidaron un modelo donde las decisiones políticas se tomaban desde élites económicas y partidistas, dejando a la mayoría de la población fuera del debate público.
El modelo neoliberal en México, no solo concentró la riqueza, sino también el poder político. En teoría el país transitaba hacia una etapa más democrática, en la práctica la mayoría de la población quedó excluida de las decisiones políticas fundamentales, tales como quien dirigía el país y qué hacía con él. Un ejemplo claro fue la elección presidencial de 1988, la llamada “caída del sistema” simbolizó para millones de ciudadanos la manipulación electoral al servicio del poder. Otros ejemplos más recientes, fueron los fraudes electorales en el 2006 y 2012 contra Andrés Manuel López Obrador
En 2018, con el triunfo del hoy expresidente AMLO, se generó un gobierno que se preocupaba por esas masas olvidadas y, pese a la resistencia de la elite política y económica, se ha sostenido la propuesta de una reforma electoral en la cual los objetivos centrales apuntan al beneficio de la ciudadanía, así como a sanar y fortalecer el vínculo entre la política y la sociedad. Algunos de los principales beneficios de la reforma son:
- Reducción de privilegios dentro del sistema electoral; pues la democracia debe servir al pueblo y no a una élite política.
- Reducción de gastos electorales; resulta socialmente injusto mantener instituciones y procesos excesivamente costosos, en un país donde millones de personas enfrentan carencias básicas.
- Abrir espacios para nuevas fuerzas políticas y para sectores tradicionalmente excluidos, modificando reglas de participación y competencia, para que sectores históricamnte excluidos tengan mayor participación, como las juventudes o personas de la comunidad LGBTTTIQA+, entre otros.
En mi opinión, la reforma electoral no debilita la autonomía de la democracia, la actualiza y la redefine para hacerla más cercana al pueblo. Es apostar por un sistema político que responda a las necesidades reales del país y no a intereses de unos cuantos.